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Archivos publicados el 11 Mayo, 2005

Los niños de Manolo

Miércoles, Mayo 11th, 2005

Lo recuerdo como si lo estuviera viendo. No había extremo derecho que se fuera de su marca. Lo recuerdo debutando con la selección en su casa, frente a Argentina. Lo recuerdo jugando un Mundial, el de Italia. Lo recuerdo dándolo todo en cada partido, en cada lance del juego. Pero, sobre todo, lo recuerdo aquel calurosísimo día de agosto del 95 en el que se puso fin a aquella espantosa cacicada de los Samper y compañía que tuvo al sevillismo con el alma en vilo durante demasiados días. Lo recuerdo como si lo estuviera viendo. Yo estaba dentro del estadio, con una cámara de video. Me asomé a la calle, a la zona de preferencia y allí estaba él. Allí estaba el capitán del Sevilla FC, paseado a hombros por cientos de sevillistas, fundidos todos en lágrimas de rabia contenida y de miedo acumulado. Celebrando todos que no, que el Sevilla FC no desaparecía, que seguíamos en nuestro sitio, en el sitio de donde unos impresentables dirigentes ( Samper y compañía ) quisieron arrancarnos. No contaron aquellos sinvergüenzas ( Samper y compañía ) con la fuerza del sevillismo. En aquellos días, me recordaba la otra noche mi amigo Laureano, se acuñó uno de los cánticos que hoy día son bandera, santo y seña del sevillismo: el “hasta la muerte”.

Jiménez se rompió aquel mediodía del implacable verano hispalense. No pudo más y su hombría de bien se convirtió en un mar de lágrimas. En el mar de lágrimas de un sevillismo orgulloso de su fuerza y de su esencia.

Así es como lo recuerdo. Y ahora lo disfrutamos en su banquillo cada domingo, en su Ciudad Deportiva cada día trabajando con sus niños, a los que se ha empeñado en llevar a la división de plata del fútbol español.

¡Qué proeza, Manolo, la tuya y la de tus chavales! El año pasado, el sueño se convirtió en terrible pesadilla cuando el guardameta castellonense Oliva voló de manera inverosímil a la escuadra para detener, en el último segundo de toda una temporada, un balón cabeceado por Pablo Ruiz que llevaba grabado a fuego el pasaporte a Segunda División. No pudo ser. Intento imaginarte encerrado en aquel vestuario de Castalia con tu gente, con tus niños rotos y no soy capaz de visualizar tanta pena y tanto dolor.

Pero te veo allí, tratando de animar y jurando por todo lo humano y por todo lo divino que el año que viene se intentaría de nuevo.

Y ahí estáis otra vez. Ya metidos de forma matemática en las eliminatorias para intentar ascender de nuevo, por segundo año consecutivo. Con lo difícil que es eso, Manolo. Con lo difícil que es que un puñado de chavales le mojen la oreja a esos equipos curtidos y veteranos del cuarto grupo de la Segunda B. Con la satisfacción, además, que da el saber que gente como Sergio Ramos, como David Prieto, como los hermanos Navas, como Pablo Ruiz, como Antonio Puerta, como Diego Capel, como Kepa, ya han aportado su granito de arena en el primer equipo y que muchos de ellos nunca volverán a estar ya tus órdenes porque ya van sobrados por el fútbol de élite.

Nunca una palabra más alta que otra. Convocatorias cogidas con alfileres por la llamada de tus niños a las convocatorias del primer equipo. Trabajo y trabajo. Fe. Constancia. Confianza. Ganas. Lo que siempre tuviste en el campo defendiendo la camiseta de tu equipo , de tu único equipo.

Felicidades de nuevo a los niños del Sevilla B. Yo creo que a esta es. Creo que el fútbol está en deuda contigo, Manolo. Y que lo que los árbitros ( y aquella mano de Oliva ) te quitaron en la liguilla del año pasado, el fútbol te lo devolverá este año.

Te lo mereces. Os lo merecéis.