El Policía Local número 729
Lunes, Febrero 13th, 2006El Policía Local número 729 está terminando su ronda de noche por las Tres Mil Viviendas. Ha sido una jornada ajetreada, con persecución incluída. Un Mercedes que terminó cayendo por un terraplén y alguna que otra actuación más. Pero él lo prefiere así, porque, cuando no hay nada que hacer, la noche se hace más larga que el último cuarto de hora de un partido en el que vas ganando por la mínima jugando de visitante.
El Policía Local número 729 se ha acostumbrado a no dormir, o a dormir poco, casi nada. Un par de horitas si es que caen y ya llegará la siesta, si es que llega. A él le gusta la noche, prefiere la noche, porque así tiene el día para estrujar su gran pasión, la que le da la vida, la que le hace vivir así, a salto de mata, sin apenas tiempo para su mujer, para su hija.
El Policía Local número 729 es sevillista. Más que ninguna otra cosa. Le encanta el fútbol y le apasiona su Sevilla. Tiene un buen número de niñas a las que cuidar, a las que mimar, a las que animar si se vienen abajo. Le preocupa todo de ellas: los exámenes de esta, que estudia en Madrid; los de la otra que acaba de empezar en Medicina y no le van mal las cosas; le preocupan los kilómetros que se mete en el cuerpo aquella otra para ir y venir a la Serranía de Ronda, donde vive y trabaja. Se interesa por los cursos de soldadora que está empezando Sandrita, o por las lágrimas de Ana María que se tiene que ir casi toda la semana a Madrid porque la han llamado a donde sólo van las mejores y ella resulta que no quiere, que lo que le apetece, lo que le pide el cuerpo, y el alma, es quedarse en Sevilla con sus compañeras.
El Policía Local número 729 no duerme apenas, pero sueña. Sueña despierto, sueña en ese duermevela al que te acostumbras después de tantas noches de vigilia, después de tanto vivir al revés. El sueña con ver a su Sevilla Campeón. El sueña con ver su Ramón Sánchez Pizjuán repleto de sevillistas tocándole las palmas a su equipo campeón.
El Policía Local número 729 va cada dos fines de semana a la Ciudad Deportiva para vivir allí los partidos de su equipo, del equipo que le da la vida y que, tal vez, se la quita a fuerza de obligarse a no dormir o a dormir poco, nada, casi nada, a fuerza de cenar un sándwich en una gasolinera una noche sí y la otra también.
El Policía Local número 729 cuelga el uniforme azul en la percha y se pone su chándall, el chándall de su equipo, el que lleva cerquita del corazón el sagrado escudo de su Sevilla Fútbol Club. Y coge el coche y se va para la Carretera de Utrera, porque hoy juegan sus niñas: su Lucía, su Cori, su Rocío, su Sandrita, su Vane, su Alicia, su Amparo, su Willy, su Silvia, su Chabe, su Auxi, su Alex, su Inés, su otra Rocío, su Cristina, su Nadia… sus niñas.
El Policía local número 729 llega a la Ciudad Deportiva y se sienta en su localidad. Y allí permanece sentado un minuto, tal vez minuto y medio. Y ya no se volverá a sentar más porque el Policía Local número 729 es de los que creen a pies juntillas que su obligación como entrenador es estar tan metido en el partido como pueda estarlo cualquiera de sus jugadoras. Mucho más, cuando el escudo que defiende es el que su padre le enseñó a amar más que a ninguna otra cosa
El Policía Local número 729 se llama Sebastián Borrás y para entrenar y dirigir a sus niñas del Sevilla FC le roba, a tirones, cada día, vida a su vida.

