La crónica de Francisco José Ortega
Lunes, Marzo 13th, 2006Leo en la web de “Diario de Sevilla” la crónica del partido de ayer firmada por Francisco José Ortega y me veo en la obligación de traerla a este blog porque la considero enormemente acertada, ecuánime y fiel reflejo de lo acontecido en Mendizorroza.
Desmenuza el partido tal y como fue ( o al menos, tal y como a mí me pareció que fue) hace hincapié en la duda por mí planteada anoche sobre si la roja de Aitor es expulsión o no (por cierto, que también hicieron este comentario ayer en “Gol a gol”; no estaré tan cegado por el talibanismo al decir que tengo dudas en esa jugada) y, sobre todo, incide sobremanera en un dato que muchos de los que hacen sus crónicas sobre el Sevilla poniendo bombas por las esquinas parecen olvidar: que el Sevilla FC jugó desde el minuto quince con diez hombres.
Cosa que, a la hora de enjuiciar lo que un equipo hace sobre la hierba, a mí me parece enormemente importante.
Hubiese deseado poner aquí el enlace a la crónica, como hago siempre, pero no encuentro la manera de dar con el enlace.
Por lo tanto, y confiando en que a “Diario de Sevilla” no le importe, paso a copiar y pegar.
¿Qué hubiera pasado once contra once?
Oportunidad El Sevilla cae en su visita a un Alavés al que superó con claridad cuando estuvo en paridad sobre el campo e incluso, a veces, en inferioridad
FRANCISCO JOSÉ ORTEGA
Fatídico minuto 16 para el Sevilla. El interesante experimento ideado por Juande Ramos para la visita a Vitoria feneció por culpa de un error en cadena con elementos propios y ajenos. A saber, Renato provoca un saque de esquina de lo más absurdo; después los zagueros permiten un toque hacia atrás en el primer palo y, por último, Aitor Ocio comete un penalti propio de un infantil, ya que despeja el balón con la mano cuando Palop parece que llegaba a detener el esférico. Hasta ahí los fallos endógenos, los que tienen que ver con quienes vestían la camiseta roja, pero igual de grave es el que comete Velasco Carballo, ya que el árbitro madrileño se precipita y posiblemente se olvida del reglamento, porque si todos están de acuerdo en que Palop llegaba a esa pelota, cabe suponer que también él mismo, que estaba al lado, está claro que se trata de penalti con tarjeta amarilla, nunca roja, ya que Aitor Ocio no era el último hombre.
Pero sucedió de la manera que aconteció y ahí se fue al traste la posibilidad de darle el visto bueno a una apuesta de Juande Ramos que tenía visos de cuajar en algo interesante para su equipo. El técnico manchego se apuntó a la moda implantada por Javier Aguirre y optó por refrescar a su equipo de manera colectiva en este partido que llegaba emparedado por las dos citas contra el Lille en la Copa de la UEFA. Palop, Aitor Ocio, Escudé, Puerta, Jordi, Saviola y Kepa, siete de los once escogidos para la alineación inicial por el entrenador sevillista, no habían sido titulares en tierras francesas, muy por encima del cincuenta por ciento por tanto.
En principio, se trata de un experimento arriesgado, qué duda cabe, pero con el paso de los minutos se observa un Sevilla bastante agradable para el aficionado, el suyo y hasta el neutral, ya que hay muchos futbolistas con buen gusto a la hora de tocar el balón y el cuadro nervionense se atreve a correr riesgos a la hora de fabricar el juego. Encima arriba se muestran muy dinámicos Jesús Navas y Saviola mientras que Daniel irrumpe desde atrás con poderío y con la clarividencia propia de los futbolistas con clase. Ese triángulo precisamente se convierte en el protagonista del primer gol cuando el partido apenas ha arrancado, a los once minutos de juego.
El Sevilla, de no mediar una catástrofe, parecía que lo iba a tener fácil para llevarse los tres puntos en su visita a Vitoria a pesar de los riesgos que había corrido su entrenador. Pero sí se producirá una circunstancia que alterará el discurrir de los acontecimientos y es ese penalti ingenuo que comete Aitor Ocio cuando Palop llegaba al balón para que la cadena de errores concluya en Velasco Carballo. Minuto 16, penalti en contra y demasiado tiempo con diez futbolistas contra once para que el equipo visitante no se resintiera.
Ni siquiera la gran intervención de Palop al detenerle el máximo castigo a Nené conseguirá evitar que todo haya virado de manera drástica. Y lo peor, para los sevillistas, es que el juego que siguió a continuación iba a demostrar que en caso de haberse quedado en paridad de elementos sobre el campo seguro que el resultado hasta podía haber sido amplio a favor del conjunto de Juande.
Porque ni la inferioridad numérica ni tampoco el empate que llega en un golazo de Nené le quitará el sello de equipo bonito al Sevilla que había puesto en liza su entrenador. La recomposición de líneas afecta sobre todo a la banda izquierda, ya que Escudé se sitúa como central izquierdo, Puerta retrasa su posición al lateral y Kepa es el encargado de ayudar por esa zona cuando el balón se mueva por el centro del campo. Tal vez ahí pueda estar el error, ya que, con la frialdad de comprobar lo que sucedió después, está claro que tal vez una postura más conservadora hubiera sido más eficiente y un hombre por la banda izquierda, léase Adriano o Jesuli, en lugar del delantero centro quizá fuera más apropiado.
Juande, sin embargo, se la jugó y lo cierto es que sus hombres le dieron la razón con el fútbol que desarrollaban. El Sevilla seguía siendo un conjunto dinámico, salía al ataque con mucha velocidad y también con toque para hallar los espacios en la defensa del Alavés. La pena, para sus intereses, fue que ni Kepa ni Saviola fueran capaces de rematar a la red sendas jugadas de Jesús Navas por la banda derecha. Ni tampoco la ocasión que tuvo el extremo palaciego cuando irrumpió por el centro y se quedó completamente en solitario delante de Costanzo en el minuto 40. Había sido una contra perfecta, pero Jesús Navas falló en lo más fácil y dejó pasar una extraordinaria oportunidad.
Ocurrió, por tanto, como en Lille tres días antes o como tantas y tantas veces. El Sevilla había perdonado a su rival y no reflejó en el marcador la superioridad de su fútbol, algo que fue aprovechado por el Alavés antes del intermedio. Había salvado Palop a los suyos ante Astudillo, pero una descolocación colectiva de la banda izquierda permitió a Bodipo anotar el dos a uno. El Alavés, en teoría, tenía mucha ventaja con vistas a la segunda mitad, pero el hecho de estar con un futbolista menos no supuso que el Sevilla se entregase. Al contrario, aunque no tuviera tantas opciones claras, el cuadro de Juande buscó el empate en todo momento y lo rozó al final incluso. El experimento tenía buena pinta, sí, pero se fue al traste muy pronto y quedará la duda de qué hubiera pasado once contra once.
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Un último apunte ya de mi cosecha para aquellos que basan su comentario o crónica en la suprema estupidez del “se tiró a la basura de nuevo una ocasión histórica”.
Se perdió en Vitoria.
No se sumó ningún punto.
Pero ¿tirar una ocasión histórica? ¿Ocasión histórica de qué?
¿De ser quintos?
Yo, por mucho que miro la clasificación veo que los puestos que dan derecho a jugar la Champions están a cinco puntos, y creo que de haber ganado al Alavés nos habrían dado tres.
¿O ahora ganar con uno menos te proporciona seis?
No lo entiendo.
Las Matemáticas siempre se me dieron fatal.

