El Sevilla Fútbol Club, único equipo español que permanece vivo en la Copa de la Uefa, abanderará hoy el nombre de la Capital de Andalucía, cosa que lleva haciendo más de cien años, en el sorteo de cuartos de final de la Copa de la Uefa.
Historia con letras de oro de Sevilla y del Sevilla Fútbol Club en la temporada del Centenario del club Decano de nuestra ciudad.
El sorteo se celebrará en la ciudad de Eindhoven, sede de la final, y dará comienzo a las 13.00 horas.
En el bombo estarán : Sevilla Fútbol Club, Steaua de Bucarest, Shalke 04, Rapid de Bucarest, Levski de Sofía, Basilea, Zenit de San Petersburgo y Middlesbrough
Lo podréis seguir en directo, como es lógico, a través de Sevilla Fútbol Club Radio.
Seguimos vivos, adelante, orgullosos, cabeza arriba, como siempre, pero con más sonrisa.
No caímos y esto fue lo que escribí y lo que está publicado en el histórico número de hoy de SFC, el periódico del sevillismo.
YO ESTUVE ALLÍ
Pasen los años que pasen, siempre, siempre podré decir que yo estuve allí. Cuando el partido de anoche sea nebuloso recuerdo amarilleado por las hojas caídas del almanaque yo siempre podré decir que estuve allí. Cuando en vísperas de cualquier otro paso grande de mi Sevilla en Europa se rememore entre emociones el partido ante el Lille yo siempre podré decir que estuve allí. Cuando se repasen los videos históricos, cuando se relean los libros sevillistas, cuando se reescriban los hitos europeos de este Sevilla nuestro yo siempre podré decir que estuve allí.
Y podré contar lo vivido y podré vivir lo contado y podré soñar mecido en los brazos de mi mamá memoria y podré explicar que una noche de marzo, primavereando ya el invierno, azahares blancos de blanco sevillismo a punto de estallar, el Ramón Sánchez Pizjuán se volvió no grande, se volvió inmenso, inabordable, infranqueable, se tornó Agustina de Aragón para detener a las huestes francesas y arrancó una lengua viva para decir, como siempre, que Nervión no se rinde.
Yo estuve allí. Podré contarlo y podré presumir orgulloso de haber estado. Podré vibrar de nuevo como anoche, en cada balón, en cada jugada, en cada tiempo muerto, en cada respiro, en cada arreón, en cada golpe, en cada patada.
Yo estuve allí la noche mágica, con o sin demagogia, listos de la plumilla, en la que el Sevilla reescribió en la UEFA lo que ya quedó escrito décadas atrás en la Copa de Europa, siendo reescribir volver a escribir lo escrito, digan lo que digan algunos confusos peristas de la información deportiva.
Yo estuve allí la noche en la que el Sevilla fue victoria grande ante la oportunidad histórica, en el partido clave.
Yo estuve allí el día en que las urgencias históricas se fueron de paseo, saltando todos los cepos. Yo estuve allí la noche en la que el Sevilla ganó el partido clave número mil ochocientos cuarenta y dos de su historia.
Tengo la suerte de que mi firma aparezca en SFC, el periódico del sevillismo.
Tengo que felicitar a Manolo Ruiz, a Lidia Cárdenas y a todos los que hacen posible que el periódico esté en la calle muy tempranito, siempre después de cada partido.
En días como el 15 de marzo, cuando el Sevilla juega por la noche, todo se hace a marchas forzadas porque el cierre apremia y apenas hay tiempo para nada.
Si, además, como pasaba ayer, la prórroga e incluso los penaltis eran posibilidades ciertas uno no puede arriesgarse a que suenen las doce en el reloj y que el artículo que debe enviar esté todavía por escribir.
¿Cómo hacerlo?
Decidí escribir uno de los dos posibles artículos con antelación, el que más trabajo me costaría llegado el caso.
Con la euforia de estar en cuartos las palabras fluyen solas.
Y escribí lo que os dejo a continuación.
Antes de que lo leáis quiero decirle a esas gallinas oxidadas de veletas herrumbrosas, a esos que sólo asoman el pico cuando las cosas vienen mal dadas, a esos que se creen en posesión de no sé que atributos “justicieros”, a esa gente miserable que ahora no aparece por ninguna parte, ni por aquí, ni por ninguna parte, que la ruindad de sus corazones es algo muy triste.
Os quiero decir , además, que sois cobardes.
Cobardes.
Porque no tenéis lo que hay que tener para mantener vuestro discurso siempre, pase lo que pase, sean cuáles sean los resultados.
Me hubiese gustado ver, leer, escuchar a uno sólo de vosotros defender lo que defendíais el pasado domingo, el día del Español en octubre, cuando nos eliminó el Cádiz en Copa, en cualquier derrota del Sevilla más o menos dolorosa.
Me hubiese gustado encontrar a uno sólo de vosotros manteniendo la misma línea derrotista, amargada, hiriente, insultante, destructiva de cuando las cosas vienen mal dadas, de cuando los resultados dan la espalda al Sevilla FC.
Qué decepción.
Vosotros sois como las larvas de mosca: sólo asomáis la cabeza y os hacéis fuertes en la suciedad, entre la basura.
Vosotros sois una pena.
Yo, sobre vosotros, tengo un triunfo arrollador y lo tendré siempre, aunque tal vez alguna vez, si las vacas flacas llegan y se quedan, que todo puede ser, todo se vuelva en mi contra.
Mi triunfo, gallinas herrumbrosas de veletas oxidadas, es que yo soy fiel a una idea y la defiendo siempre, en las buenas y en las malas, cuando brilla el sol y cuando graniza, cuando perdemos y cuando ganamos.
Cuando en los malos momentos del Sevilla FC aparecéis con vuestra palabrería barata, con vuestras cobardes amenazas, con vuestros sucios insultos y cuando, como ahora, demostráis que la pasta de la que estáis hechos no aguanta ni media.
Yo soy fiel al mi idea de amar, de querer y de defender al Sevilla Fútbol Club.
Y siempre lo seré.
Mi triunfo es que yo no cambio el paso jamás.
Mi triunfo es ver que, cuando las condiciones no son apropiadas para vuestra demagogia y vuestra prevaricación, para vuestro odio,para vuestros insultos, para vuestras amenazas, para vuestras injustas y deplorables soflamas derrotistas dáis dinero por una madriguera en la que meterse.
Ese es mi triunfo.
Ese, y saber que vosotros lo sabéis.
Y ahora os dejo lo que tenía escrito para publicar en SFC, el periódico del sevillismo, si hubiésemos caído.
GRACIAS Y HASTA EL AÑO QUE VIENE
Gracias, Sevilla, por la noche de ayer. Gracias también por la tarde que pasé con los nervios bonitos metidos en la barriga. Gracias, Sevilla, porque eran nervios de grandeza y no nervios de lamento y desgracias. No eran los nervios del día aquel también mágico del gol de ese Inti grande al Tenerife. Tampoco eran los nervios de la promoción frente al Villarreal, aquellos nervios que te amordazaban el alma sólo de pensar en la derrota, porque la derrota era entonces penar hasta cualquiera sabía cuándo en los infiernos de segunda. Ni los nervios del dolor supremo, inolvidable dolor de aquella tarde asturiana, Carlos Tartiere, en la que el sevillismo entero murió un poquito.
Gracias, Sevilla, porque con tu trabajo diario de la pasada temporada hiciste posible la tensión del encuentro en Francfort frente al Mainz, y el verte y vivirte campeón del grupo de liguilla UEFA, siendo además el que más goles metió de todos los que participaban en todos los grupos. Gracias por el partido de Moscú, sin hierba pero ganando, y por el de vuelta, ganando de nuevo. Gracias por la eliminatoria frente a un gran Lille, por no tirar nunca la toalla, ni aquí ni allí, por hacerme creer que era posible hasta un segundo después de que sonara el implacable pitido final.
Gracias por permitirme vivir orgulloso los cánticos centenarios de mi gente en el Reebok Stadium de Bolton, y en Moscú, y en Francfort, y en San Petersburgo, y en el Lille Metropole.
Gracias, Sevilla, por creer que se podía y por pelear ese credo hasta la última gota de tu sudor y de tu esfuerzo. Gracias, Sevilla, por permitirme vivir el 50 cumpleaños de este escudo compitiendo en la Europa de los mejores.
Gracias, no puedo decirte otra cosa que no sea gracias. Quizás te diría, Sevilla, que me duele haber caído y que me duele no seguir, pero eso ya lo sabes tú, así que me ahorraré las palabras.
Cambio, ahora, ya, esas palabras de dolor que guardo para siempre en mi corazón orgulloso por otras de aliento y de apoyo. Para decirte que vamos, mi Sevilla. Vamos a por el Mallorca. Y después, vamos a por el Atleti, y más tarde a por el Valencia y a por el que mora en Heliópolis.
Vamos. Vamos juntos, Sevilla, tú y yo. Y tantos, tantísimos otros que hoy nos tragamos la hiel amarga de la caída pero que a partir de mañana, seguro, estaremos de nuevo en perfecto estado de revista.
Gracias Sevilla y hasta el año que viene, que nos volveremos a ver en Europa.
Hoy quiero que seas tú, herman@ sevillista, quien hable.
Quiero que me cuentes, que nos cuentes cómo has vivido esta noche histórica de tu Sevilla Fútbol Club.
Yo me he vaciado escribiendo la columna que mañana publica SFC, el periódico del sevillismo y ya no me quedan palabras.
Cuéntamelo, sevillista.
Tú que has estado en nuestra Fábrica de Sueños (si, si, los fabrica, tan hermosos como el de hoy y los transforma en realidades).
Tú que has estado en casa, tú que has estado en la cama por enfermedad, privado de libertad tal vez en alguna prisión, tú que has estado a cientos, a miles de kilómetros del corazón futbolístico de la capital de Andalucía.
Cuéntamelo, anda.
Dinos cómo has vivido la oportunidad histórica que el Sevilla no dejó pasar, el partido clave en el que derrotamos al Lille y pusimos ese escudo bonito como él sólo en cuartos de final de la Uefa por vez primera en nuestro siglo y pico de vida.
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