Una vez más, la crueldad
Domingo, Junio 25th, 2006Como hace dos temporadas en Castalia en aquel agónico cabezazo de Pablo Ruiz que salvó Oliva.
Como hace un año, con el gol demoledor del Zamora en Nervión.
Una vez más, la crueldad aparece en el camino de los chavales del Sevilla Atlético y les pone la zancadilla.
Derrota por uno acero que convierte al que dicen era el mejor equipo de la categoría en equipo de Segunda División. Quién te ha visto y quién te ve, Unión Deportiva Salamanca.
Un puñado de chavales, niños algunos de ellos, te habló de tú a tú durante 150 minutos de juego y te superó en todo, menos en el gol que, crueldad una vez más, es en lo único que hay que superar al contrario en este juego del fútbol.
Hoy, lección magistral del filial en El Helmántico ante la tropa veteranísima de la Unión.
No hay más vueltas que dar. El partido y la eliminatoria se rompió, no en el gol de Micu, sino en la expulsión de Bruno. Me quedo con el jerezano implorando al árbitro, las manos juntas, la impotencia en su rostro: “no, por favor…no me la saques, árbitro, que es la segunda…Por favor, no…”
Fue que sí.
Y con esa doble amarilla, se rompió en dos la supremacia de los chavales sevillistas.
Hubo un estrepitoso penalti sobre Capel en el minuto 89, cuando la pelota le quedó muerta a Winde, pero hay que tener demasiados arrestos para pitarlo en un campo como ese, ante un equipo como ese y en un partido como ese.
No los tuvo el árbitro y se rompió la ilusión.
Es sencillo ahora decir que no pasa nada, que este equipo se hizo para mantener la categoría y que ha sido una temporada de quitarse los sombreros.
Siendo cierto todo lo anterior, más ciertas aún son las lágrimas que se están derramando en la caseta sevillista a esta hora de la noche.
Lágrimas impregnadas de la certeza de ver que un año más, y van tres uno detrás de otro, no se puede dar el salto soñado.
Lágrimas impregnadas de la misma certeza con la que se enarbola el orgullo de saberos nuestros, del sevillismo que esta noche de finales de junio, vuelve a sufrir con vosotros.
Un día, sabe Dios cuando, vuestras ganas, vuestra ilusión y vuestra grandeza de sevillistas derrotarán a esta crueldad que, una vez más, ha vuelto a aparecer en vuestro, nuestro, camino.

