Un veintiseis de agosto, sábado además, pensaba yo que Sevilla, la ciudad del Supercampeón de Europa, estaría desierta como el desierto del Sáhara.
Pensaba yo.
Pero no.
Cuando una ciudad como Sevilla ve como el equipo que se llama como ella se proclama Campeón de la SuperEuropa ante el superequipo de los supersueños y de los supermillones de euros, ante el equipo de los superjugadores que superjuegan un superfútbol imposible de batir, no le queda otra que inundarse, otra vez (¿alguna vez fue de otra manera?) de sevillismo por todas sus esquinas, por todos su rincones, y blanquirrojear hasta el hartazgo.
El sevillismo, “veinte por ciento” de la ciudad como dijo aquel iluminado de plomos fundidos, debe tener un plan de acción que no lo iguala ni Spielberg.
Yo no sé si será un juego de espejos repartidos por la la ciudad, para que parezca que hay sevillistas por todas partes. Puede que, tal vez, se trate de una infinidad de hologramas reflejados por las calles de la Sevilla Supercampeona continental, o una suerte de hipnosis colectiva que, mira que es increíble, hace que la gente vea sevillistas por todas partes (en ocasiones, veo sevillistas…), con sus gloriosas sábanas carmesí avejentadas ya de tanto kilometrear por la vieja Europa de la que se han hecho santo y seña.
La Sábana Santa del Centenario primero y verdadero del fútbol sevillano que hace un año sacábamos a pasear, solita ella, y que ahora, mire usted por donde, seguimos paseando con el mismo orgullo, pero flanqueada por dos títulos europeos, dos.
Palabras mayores para algunos desquiciados.
Mientras el “veinte por ciento” de la ciudad Supercampeona de Europa cantaba, bailaba, disfrutaba y enloquecía de alegría instalado en el Cielo Continental al que se ha abonado ya por los siglos de los siglos, desde algún oculto rincón llegaban, apagados por el “vamoooos, vamoooss mi Sevilla, yo te llevo dentrooooo de mi corazónnnnn” algunos ecos que decían que allá por Valencia la Liga 2006-2007 ya había comenzado.
Los Campeones de la SuperEuropa tenían, no obstante, una prórroga hasta el martes.
Pero después de la fiesta, no queda otra que volver a pisar el suelo terráqueo y pensar que uno de nuestros directos rivales en la pelea liguera ya suma tres puntos en su casillero.
Y aquí no podemos darle ventaja a nadie por mucho que, por primera vez en nuestra Centenaria Historia sea la primera temporada liguera que iniciamos con dos títulos europeos flanqueando nuestra Sábana Carmesí.
La que ondea en lo más alto de la Europa pelotera.
La que seguimos paseando henchidos del orgullo de sabernos portadores del único título(¡qué bonito, Ramón, que lo proclamases desde la balconada de la Casa Grande de Sevilla!) que a mí me sigue importando desde lo más profundo de mi alma:
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