Partidazo mañana en el Nou Camp. Partidazo secuestrado por el monopolio infame del Grupo Prisa, que es quien decide si en este país hay fútbol en directo (¿toda la Liga? Tirirí…toda la Liga) o si no lo hay.
Partidazo en el que el número uno del mundo visita al número dos. Partidazo en el que se enfrentan los dos únicos equipos que fueron capaces en la temporada pasada de ganar un título europeo (dos el Sevilla FC).
Cuatro Cinco títulos se pondrán mañana sobre la hierba del Nou Camp: Liga, Champions, UEFA y Supercopa de Europa y Supercopa de España.
Y Sogecable con su aliados mirando a otro lado, quitándose de encima responsabilidades con sucias patrañas y enfangando un escenario televisivo que el Sevilla FC, vendiendo sus derechos de emisión a Santa Mónica, le está complicando más de la cuenta.
El Sevilla FC viaja a Barcelona con las bajas de Hinkel, David y la ya consabida de Chevantón.
El Barça, por su parte, recibirá a su pesadilla monegasca con las ausencias de Puyol, Ezquerro, Gio y, por supuesto, Etoó.
Haya o no televisión, Sevilla Fútbol Club Radio estará en directo del Nou Camp, con la narración de Miguel Angel Moreno y los comentarios del que suscribe.
Desde las seis de la tarde.
Por mucho que Prisa se empeñe en apagar las imágenes de los partidos del bicampeón europeo, las voces de Sevilla Fútbol Club Radio seguirán sonando para que la inmensa mayoría de los oyentes sevillanos y sevillistas sigan el partido de su equipo.
Y ellos, los del Grupo Prisa, su radio, por detrás, a mucha, mucha distancia.
Hoy cumplimos 101 años de vida, comprobados y constatados.
Hoy, el fútbol en la capital de Andalucía, cumple 101 años de vida.
Antes que nada, os tengo que recomendar este video de “Birisviso”. No dejéis de verlo.
¿Que hago para celebrar nuestro cumpleaños? pensaba estos días atrás.
Y, de repente,caí en la cuenta de que en mi blog jamás había sido publicado, negro sobre blanco, aquel “Llevo un pin” que un día, cuando las cosas eran de otra manera, escribí con todo el orgullo del mundo.
Ahora es el momento de postearlo.
Ahora que aquellos tristes, penosos, lamentables e insignificantes cabezas de chorlito (chorlitos enteros) que entonces insultaban y reían (trataban, los pobres ingnorantes, de reir), trataban de mofarse los cenutrios de algo tan grande como fue y sigue siendo el Centenario del más grande equipo del Sur de España.
Ahora, que es cuando agachan la cabeza y se esconden en sus agujeros, hundidos, aplastados por el insoportable peso de la realidad que, siempre fue la misma, pero que ahora es demoledora.
Ahora que aquellos impresentables andan sumando y restando, añadiendo años a los calendarios de la memoria tratando de alcanzar aquello que nuestro pin celebraba sin operaciones artiméticas añadidas, ni más ni menos que un Centenario de cien años, ahora que son ya ciento un años de vida del sentimiento sevillista, ahora es un buen momento para volver a pregonar que aquello que escribí en su día sigue estando vivo y vigente, más que nunca, y que el título más grande del que puedo presumir, ayer, ahora, siempre; el único título que, de verdad, me importa a mí es el título de sevillista.
LLEVO UN PIN
Lo llevo siempre, junto a mi corazón. Y lo llevo porque con ese logo carmesí llevo a mi abuelo Juan y a sus 91 años de vida, con su pañuelo blanco hecho una bola en la mano y sus ojos brillantes mirando un televisor en blanco y negro y gritando “qué grande es ser sevillista” celebrando un gol, uno, de un partido, uno, de su Sevilla.
Con ese logo llevo a mi padre, en su fila 14 de Fondo, cada tarde de domingo, y llevo a aquel niño que fui, cruzando Eduardo Dato cogido de su mano, camino de la fábrica de sueños de Nervión. Con ese logo, llevo cada gol que mi garganta haya podido gritar, y cada abrazo alborozado de celebración; llevo también cada lágrima derramada, de pequeño y de mayor, y llevo la voz de mi madre tratando de consolarme: “Anda ya, chiquillo, no seas tonto, que a ti el fútbol no te va a dar de comer…”
Con ese logo llevo infinitas horas infinitas escuchando las palabras de mi padre, hablándome de Campanal, de Juanito Arza, de Achúcarro, de Helenio Herrera, de Pepillo, de un Sevilla campeón. Con ese logo llevo cada gota de lluvia que me empapó viendo al Sevilla y cada tarde de calor abrasador en la grada alta del Gol Sur, llevo todos y cada uno de los Sevilla-Betis que jugué en el patio del colegio y del instituto, muchos contra muchos, y llevo las peleas y discusiones de tantos lunes negros, cuando perdíamos y ganaban los otros, y sabías lo que te esperaba al entrar en clase.
Llevo con ese logo las ilusiones y las desilusiones, las risas, los saltos, los cánticos, los llantos, los nervios, los sueños, las tragedias, las manías; llevo todos y cada uno de los partidos que nunca pude ni escuchar por la radio y llevo todos esos cuartos de hora finales que no fui capaz de quedarme a ver.
Con ese logo vuelven a estar conmigo, cada segundo, los amigos que a lo largo de tantos años compartieron y comparten el mismo grito atronador de gol, el mismo viaje a donde hiciera falta, la misma lágrima amarga de la derrota, la misma alegría sin control de un derbi ganado, de un ascenso, de una victoria in extremis.
Y, con él, llevo también la memoria y el recuerdo eterno de los que se fueron y ya no volverán. Llevo el calor de esos besos de sevillista que nunca más recibiré porque los labios que los daban ya no están y llevo la magia de ese abrazo, imposible más fuerte, que se quedó grabado en algún lugar del tiempo, con algún gol de algún jugador que en algún campo alguna tarde vestía la camiseta del Sevilla FC.
Llevo, con este logo, el orgullo que me enseñaron los que me enseñaron y el orgullo que enseñaré a los que yo enseñe, si es que he de enseñar a alguien. Llevo las manos de cada sevillista que un día aplaudió a mi equipo, el corazón de cada sevillista que a lo largo de cien años ha sentido lo que yo, llevo a gala el mejor título que se pueda nunca conseguir.
Nunca has visto ganar un título, me dicen algunos tratando de hacer daño. ¿Títulos? El único título que me importa a mí es el de sevillista y con este logo lo grito y lo proclamo. Y lo hago en nombre de todos los que en el último siglo, en algún lugar del mundo, alguna vez, hipotecaron su vida con este sentimiento sevillista. Los que fueron, los que son y los que serán. Llevo este logo porque este logo dice que el sentimiento que yo heredé, que vivo y que transmitiré, cumple cien años de vida. Llevo este logo cerquita de mi corazón porque creo que, de alguna manera, así ayudo a que el sevillismo se haga un poco más grande. Llevo el logo del centenario porque soy sevillista.
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