Instantes robados a la Historia
Viernes, Mayo 18th, 2007En cierta ocasión le regalé a una amiga el día de su boda una cámara de fotos digital.
Le puse una notita y le escribí que lo que le regalaba no era otra cosa que una capturadora de momentos. Una máquina mágica para robarle instantes (ojalá que siempre felices) a la Historia.
Eso es lo que hice anoche, desde mi privilegiada posición, esa posición desde la que pude ver el oceáno blanco y rojo en que se convirtió Sevilla como el grumete que otea el horizonte desde el palo mayor de su nave.
Estos son algunos de los momentos capturados en la noche mágica del 17 de mayo, la noche en que Sevilla (otra vez…) volvió a vestirse de Sevilla.
Quería compartirlos con vosotros.
Algunas de estas fotos que os regalo son, seguro, inéditas.
Esta primera es la llegada del barco que paseó por el Río Grande de la Ciudad cuyo nombre paseamos por las cumbres del Fútbol Mundial nuestra segunda Copa de la UEFA consecutiva, la del año 2007.

Me encanta el efecto del flash en los salvavidas.
El desembarco de los Campeones de Glasgow. Iban como locos. Prometo que jamás los vi tan embriagados de alegría, ni después de Eindhoven ni después de Mónaco.

Estas dos fotos me gustan especialmente.
No solamente la Giralda de nuestra ciudad verá sólo un equipo ganar.
La Torre del Oro, también. Y también se siente orgullosa de ver a su equipo en el Sánchez- Pizjuán y de contemplar sus Títulos europeos.
Tres.
Los únicos tres de toda la Historia del fútbol sevillano y andaluz.


Y también a los pies de la Torre del Oro, los jugadores ya sobre el bus de los Campeones. Chevantón acababa de tirar su camiseta al Sevillismo que rodeaba a sus Gladiadores de Nervión.

Esta imagen me hizo reír de alegría y de orgullo. En la Puerta de Jerez.
Seguro que ya conocéis el chiste que circula por la ciudad.
Hay quien anda pidiendo una calle para Palop en Sevilla.
Pero el ya tiene una: la calle “Marqués de Paradas”
Cuñaoooo…

Pep Martí acuna en sus brazos la Copa que nos cambió la vida.
El y Andy Hinkel lucen la capa de los Templarios de Nervión. Los que han sabido defender hasta el último aliento de su esfuerzo Nuestro Santo Grial.
Andrés Palop parece charlar con el busto de Alberto Jiménez-Becerril, un gran sevillista al que nos arrancaron desde la barbarie terrorista.

Primera foto dentro de los salones del Ayuntamiento, en la recepción privada del Alcalde. Sólo estaba dentro el fotógrafo del Ayuntamiento. Y mi pequeña Sony de 3.2.
Si, a partir de ahora véis esta foto por ahí, puede que sea mía.

El gran Víctor Orta con su camiseta personalizada. Cumplió su promesa, la que hizo con Maresca y Kerzhakov y se raparon al uno. La Copa bien lo merecía.

Andrés Palop en el momento de ofrecer la Copa que nos cambió la vida al Sevillismo apiñado en la Plaza de San Francisco.

Y, por último, como no podía ser de otra manera, Ella.
Nuestra Copa.
La que tantas veces estuvimos a punto de perder a lo largo de toda la Temporada.
Ella.

A la que le prometimos que los sevillistas regresaríamos, costase lo que costase, a recogerla para devolverla a su sitio natural.
Por la que peleamos todos, desde nuestro angustiado corazón cuando parecía, una vez más, que la derrota era inminente. Por la que apretamos los dientes, y los puños, por la que nos tragamos las lágrimas tras el demoledor gol de Jonatas.
Ella.
Referencia, mascarón de proa, de nuestras vidas de Sevillismo. La que nos hizo grandes, la que nos pagó la deuda contraída tras décadas de nada.
Ella. Tan guapa, tan brillante, tan hermosa.
Tan orgullosa.
Ella, tan Grande, en el salón de la Casa de todos los sevillanos.
Para que todo el mundo sepa que, por segunda temporada consecutiva es nuestra.
De los Sevillistas de ayer, de hoy y de mañana.
Ella.
Mi niña. Tu niña. Nuestra niña…

