Esas son las dos teclas que tenéis que pulsar “alamismavé” para que cuando entréis en el blog os salga la nueva cabecera, con la nueva Copa, con la Copa del Rey del año 2007.
Gracias a Francisco Olid por hacerla y rehacerla las veces que ha sido necesario.
Y a Joan Riera por tardar 0,2 segundos en subirla.
Queda chula.
Lo malo es que es pa ná, porque en agosto hay que cambiarla de nuevo
¿Cuántos abrazos has dado, Sevillista, en los últimos días?
¿Cuántos te han dado tus hermanos de sentimiento?
¿Y cuántos besos te dieron?
¿Cuántos diste?
Y con cada abrazo, con cada beso, imagino que algunas palabras.
Seguro que, algunas veces, no fueron necesarias.
Pero, tras la nueva victoria histórica en la nueva Final del Sábado…¿qué decías en cada abrazo?
“Somos grandes”.
“Felicidades”.
“Enhorabuena”.
¿Sabéis?
Habiendo puesto punto y final a la, por el momento, más grande temporada de nuestra Historia, he llegado al convecimiento de que tenemos que decirnos:
“Gracias”.
Unos a otros. De Sevillista a Sevillista.
Gracias.
Gracias porque tú has hecho posible este glorioso e inolvidable año.
Gracias por poner de tu parte lo que pusiste. Gracias por estar donde te tocó estar cada vez que estuviste. Gracias a todos.
Gracias es lo que tenemos que decirnos. Gracias es lo que debes decirle a tu amigo sevillista, a tu padre, a tu madre, a tu pareja, a tu hermano, a tu primo, a tu vecino, a tu novia, a tu novio, a ese desconocido que lleva tus colores en una camiseta, en un pin, en una bandera.
Gracias por sumar, por hacer posible tanta felicidad.
Gracias porque fuiste tú quien ayudó a esta Gloria.
Gracias por ser tan sevillista y gracias por enseñarme lo grande que es tu Sevillismo.
Gracias por cantar el Evangelio del fútbol sevillano según Labandón. Gracias por dejarte la garganta. Gracias por tus lágrimas, gracias por tus nervios, por tu alegría, por tu arte.
Gracias.
Démonos las gracias por haber sido capaces de construir, poquito a poco, esta realidad impensable, envidia de tanto envidioso.
Gracias por arrimar el hombro, por ayudar a llegar.
Gracias porque todos fuimos necesarios.
Gracias porque a tu lado nunca me sentí solo, aunque, a fin de cuentas, sólo estuviésemos los Sevillistas solos.
Gracias.
No dejemos de darnos las gracias.
Cuando te cruces con un Sevillista, aunque de nada lo conozcas, estrecha su mano, dale un abrazo.
Y dale las gracias.
Ese Sevillista ha dado su empujoncito para que tú, Sevillista, seas tan feliz como eres ahora.
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