Con mi bandera, como toda mi vida
Viernes, Septiembre 28th, 2007Aquí estoy yo.
Con mi bandera en la mano. Como siempre he estado. Con la bandera del Sevilla Fútbol Club.

Porque yo, ¿sabéis?, llevo toda mi vida con esta bandera en la mano.
Yo no cojo la bandera ahora que estamos ganando tantas cosas…
No porto la bandera ahora que mi Sevillismo incondicional se ve premiado con cinco títulos que vienen a sumarse al título más importante que siempre tuve y que siempre (siempre) tendré, que es el de ser Sevillista.
Este es el título que, al menos yo, más valoro.
Es el más importante.
Del que yo más presumo.
Las locuras del corazón.
Aquí estoy, con mi bandera, con la misma bandera con la que iba a ver a Rodri, a Baby Acosta, a Paco Gallego, a Joaquín “el gitano”, a Rafa Jaén, a Pazos, a Toñánez, a Manolín Bueno, a Módigo, a Villalba, a Murúa, a Sanabria, a Paquito Varela, a Martínez Jayo, a Biri Biri, a Pablo Blanco (otro que lleva mi bandera), a Monchi (¿qué decir de éste?), a Espárrago, a Julián Rubio, a Morete, a Sánchez Barrios, a Scotta y Bertoni, a Pintinho, a Antonio Alvarez (su bandera en la mano), a Súker, a Zamorano, a Simeone, a Peirano, a Lucio Wagner, a Serna, a Nando, a Alonso, a Thetis, a Lawaree, a Molnar, a Mornar, a Aranalde, a Bengoechea, a Polster, a Cantudo, a Ruda, a José Luis, a Hita, a Enrique Lora…
A cientos de futbolistas que siempre fueron mis ídolos incontestables, los mejores del mundo, porque defendían el escudo del equipo más grande de Andalucía.
Aquí estoy, con mi bandera.

Con la misma bandera con la que alenté al Sevilla FC de Giorgadis, de Max Merkel, de Roque Olsen, de Miguel Muñoz, de Cantatore, de Miera, de Toni, de Aragonés, de Bilardo (grande Bilardo), de Ortega (¿y quién fue Ortega?, se preguntarán algunos), de Castro Santos, de Wallace, de Cardo (mi Manolo Cardo), de Marcos Alonso, de Víctor Espárrago, de Juan Carlos Alvarez, de Joaquín Caparrós…
Aquí estoy, con mi bandera.
Pasándolo un poco mal (no mucho, porque yo he visto bajar a mi equipo ya varias veces, porque yo lo he visto deambular por la Segunda División, esa por la que ahora se pasea el filial), pero un poco mal.
Porque yo, con mi bandera de toda la vida, no consigo aprender a pasarlo bien cuando mi equipo pierde tres partidos consecutivos.
No lo paso bien, pero aquí estoy, con mi bandera.
Tampoco estoy encantado cuando mi Sevilla del alma pierde tres partidos seguidos.
Ni siquiera cuando pierde uno.
Esperando, ojalá, una victoria en La Romareda.
En la misma Romareda en la que he visto ganar, con mi bandera, a aquel Sevilla sorprendente de los cuatro goles de Pintinho en el debut de Francisco López Alfaro y de Don Manuel Cardo; en la misma Romareda en la que he visto, con mi bandera, recibir ocho goles a mi Sevilla de mi alma.
Vamos, Sevilla. Vamos a ganar en La Romareda.
Y si se pierde, no pasa nada. Hay más partidos, muchos más.
Y, pase lo que pase, hasta que me muera, aquí estaré yo con mi bandera.
La bandera que en mi casa me enseñaron a amar y la bandera que llevo ondeando cuarenta años.
Yo seguiré aquí, si Dios me da vida para ello, muchos años más con mi bandera.
Soportando derrotas, sufriéndolas, enloqueciendo con las victorias, con los títulos de mi Sevilla Fútbol Club.
Con mi bandera en la mano seguiré gritando cuando entienda que hay que gritar para defender lo único que a mí me importa, que es el Sevilla FC.
Con mi bandera en la mano seguiré callando cuando entienda que hay que callar para defender, para apoyar, para no dañar lo único que a mí me importa, que es el Sevilla Fútbol Club.
Y, con mi bandera en la mano, seguiré apoyando a jugadores a los que hoy, tal vez, ni se les pase por la cabeza defender la camiseta de mi orgullo invencible.
Y, con mi bandera en la mano, seguiré apoyando a entrenadores que vendrán a sentarse en el banquillo de mi Sevilla Fútbol Club.
Serán, cada uno de ellos, los mejores del mundo mientras sean los entrenadores del equipo que representa la bandera que llevo más de cuarenta años ondeando al viento de mi pasión.
Serán las personas en cuyas manos deposite mi sentimiento, para que ellos lo negocien como mejor sepan y puedan.
Y de ellos, esto está así escrito, dependerá mi felicidad futbolística.
Porque yo sólo (sólo…) pongo amor, pasión y cariño.
Porque mi motor no es otro que mi Sevillismo.
Y estoy tan orgulloso de ello…

