“Kafka en la orilla”: El mejor libro que he leído en mucho tiempo
Jueves, Octubre 4th, 2007Ya me he terminado “Kafka en la orilla”, de Haruki Murakami.
Me ha durado, exactamente, nueve días (o nueve noches, porque yo soy de los que leen de noche).
Y, sí, me ha parecido el mejor libro que he leído en mucho tiempo. Recomendable cien por cien, pero…
Yo siempre he sido (no es por fardar, como dice Hoshino) de sacar sobresaliente en Literatura…
Me acuerdo de mis profesores en el Martínez Montañés, ese pedazo de instituto donde pasé cuatro maravillosos años (¿es o no es, Pedro?
)…
Me acuerdo de José María Vaz de Soto, de Geli, de Maruja…
Y del Colegio San Miguel, me acuerdo de Don Manuel Díaz…
Todos ellos me ayudaron a amar la Literatura (la asignatura y la Literatura en sí misma).
Se me daban bien, como digo, los comentarios de texto.
Sin embargo, si tuviera que hacer un comentario de texto de “Kafka en la orilla” no sabría ni por donde meterle mano.
Y creo que esa es la clave de que esta maravillosa obra te enganche como te engancha.
Este libro hay que leerlo, es decir, hay que deslizar la vista por las palabras, sobre todo en los pasajes más complicados, o más oníricos, o más incomprensibles, o más comprensibles.
Todo depende de la actitud que, como lectores, adoptemos.
El estilo de Murakami es envidiable, o al menos, yo lo envidio.
No se puede escribir mejor, seleccionando la palabra perfecta en cada momento.
En determinados capítulos de la obra, hay que abandonarse a leer por el simple hecho de leer, entregándose a la forma, y el fondo dejarlo aparte o te volverás “majareta”.
Son trozos de la novela que no se pueden, y creo que ni se deben comprender.
Es como tratar de entender los sueños.
Un sueño sólo se comprende desde el momento en el que sabes que se trata de un sueño, porque en el mundo de los sueños, las cosas no se pueden entender con los parámetros de la realidad ¿verdad que no?
Pues eso.
Presencia constante en toda la obra (creo, después de leer también “Tokio blues”, que es una constante del autor en sí mismo) del sexo y la muerte.
Pero en “Kafka en la orilla” también hay momentos para la risa, incluso para la carcajada.
Es una maravilla este libro. Tenéis que leerlo, pero siempre con la mente abierta, ya digo.
En determinados momentos hay que abandonarse al mero placer formal de leer, de hilvanar palabras una tras otra, de degustarlas, de saborearlas.
Y tener claro, siempre, que ya lo dijo Calderón (y no me refiero al presidente del polvillo de estrellas
) que los sueños , sueños son.








