Por cierto, le pediría por favor a los “exégetas de las mentes ajenas” que no pongan en mi teclado cosas que yo no escribo.
Criticar cosas puntuales de Juande no quiere decir que yo piense que hay que echar a Juande Ramos.
Eso es una atrocidad y, fundamentalmente, una injusticia.
Ya lo escribí hace días, y vuelvo a hacerlo ahora.
Si yo pensara que hay que echar a Juande Ramos escribiría que pienso que hay que echar a Juande Ramos.
Pero como, ni por asomo lo pienso, pues no lo escribo.
Yo quiero tener la misma libertad que tienes tú que me lees, o que tienen los periodistas deportivos, para poder dar mi opinión sobre aquellas cosas que me apetezca darla. Quiero tener la misma libertad que tienes tú, o que tienen los periodistas deportivos, para elegir los temas de los que me apetece hablar y de los que no.
Y pido que se me respeten mis opiniones.
Puedo estar equivocado, lo estaré muchas veces, pero pido respeto.
Igual que se respetan todas las demás (salvo las que están llenas de mierda hasta las trancas, que en ese caso, ni respeto la opinión ni al impresentable que la emite).
Eso es todo lo que quería decir sobre este tema.
Eso, y darle la enhorabuena al entrenador de mi equipo, el mejor de España, por haber sido reconocido como tal.
Eso de salir a ganar todos los partidos está muy bien.
A mí me encanta ver a mi Sevilla salir a ganar (a intentar ganar) a todos los campos, frente a todos los rivales.
Cuando el equipo está pletórico, fresco, potente, clarividente, acertado, definidor, resolutivo, arriba y abajo, entonces hay que salir a ganar a todos los campos, frente a todos los equipos.
Pero, independientemente de cual sea el juego desplegado, las innumerables ocasiones de gol marradas por los míos, las poquísimas que tenga el rival; fuera aparte los taconazos, las ruletas, los desplazamientos al pie de más de treinta metros, el fluido juego de ataque, si el otro mete una y nosotros ninguna yo me cabreo más que un mono sin liana.
Por otro lado si, por las causas que sean, el equipo está atascado, torpe, lento, fallón, inseguro, sin confianza (hay algunos jugadores, lo tengo claro, a los que les va a costar la misma vida coger la confianza…y luego, encima, les pitamos si fallan) entonces, sigue estando muy bien querer ganar siempre pero, lo realmente importante, es no perder.
Tan sencillo como que no perdiendo se suma y perdiendo no.
Y a mí que me dejen de historias y de rollos baratos, pero si ayer el Sevilla FC hubiese ganado, a pesar del mal partido, yo hoy no estaría cabreado, de malhumor y con la cara hasta el suelo.
Ganar. Mire usted.
¿Jugar bien ?
Es que jugar bien es ganar, no es otra cosa. Si se gana, se juega bien. Si se pierde, se juega fatal.
En esto del fútbol está todo inventado.
¿Que todos queremos ganar “jugando bien”? Por supuesto.
Pero ganar es lo importante. Lo único importante.
Y todo lo demás, insisto, es secundario.
Y si no, que se lo digan al mismísimo Español (Glasgow) o al Getafe (Madrid, Final de Copa).
Y si no se puede ganar, empatar al menos.
Miro la tabla clasificatoria. El puesto 15, mire usted, no es puesto para este Sevilla FC.
Miro los números: seis partidos jugados, dos victorias y cuatro derrotas.
Cero empates.
¿No valen los empates?
Valen muchísimo, sobre todo cuando se tienen en el bolsillo y se tiran por la borda con cambios que sigo sin comprender y cuando los goles que nos pegan la puntilla vienen, precisamente, por esos cambios que no acabo de comprender.
Tan sencillo como que digo y mantengo (opinión de un servidor, ni más…ni menos) que con un central en la posición de central, en lugar de uno o dos medios centros, ni nos gana el Español ni nos gana el Deportivo.
El Español nos hace dos goles porque no había centrales en los puestos de centrales. El Deportivo ayer, lo mismo. La jugada del gol del Deportivo es para analizarla.
Sale Guardado (buen futbolista) desde su campo por su banda izquierda. ¿Quién viene a tapar su veloz salida? ¡Nuestro lateral zurdo!
Independientemente de que los rivales ya martillean con insistencia nuestra banda derecha para sus incursiones atacantes (el gol del Recre, los tres goles del Español vienen por ahí, el segundo del Zaragoza, el del Deportivo de ayer, los dos del Slavia, el segundo de ellos tras el gran error de Duda y el rechace de Palop…) la contra en el gol que ayer nos hace morder el polvo nos coge completamente desnudos atrás.
Ivica Dragutinovic tapando nuestra banda diestra. Por detrás intenta llegar Daniel.
Y para colmo de los colmos, lo que hace es tropezar con Drago.
Y a las espaldas de Drago no hay ni un sólo defensor del Sevilla (centrales) de manera que Riki llega corriendo desde su campo completamente solo.
Pregunto, desde mi ignorancia:
¿Por qué después del fracaso en el partido frente al Español se vuelve a quitar al central para poner en su lugar a un centrocampista y vuelve a salir mal la jugada?
Con media hora de juego por delante, se quita a Boulahrouz para sacar a Poulsen y, además, se agotan ya los tres cambios posibles.
Con media hora de juego por delante, que media hora de fútbol es muchísimo.
Claro, me diréis. Es que en el banquillo no hay ni un sólo defensa.
Y, claro, pregunto yo ¿por qué?
¿Y Mosquera, y Fazio, y Andreas Hinkel? ¿No sirven ni para ser suplentes?
¿Qué confianza se supone que deben de tener en sus posibilidades futbolistas como Mosquera y Boulahrouz que han sido sustituidos, tras cometer un error cada uno, y su puesto en el campo lo ocupa otro compañero que no es central?
¿No sería mejor jugar siempre a ganar pero tratando de conservar lo que se tiene, o sea, un punto?
¿No sería mejor tener ahora ocho puntos en lugar de seis?
¿No sería mejor intentar que todos los futbolistas de la plantilla se sientan importantes y con ganas de aportar al grupo?
La realidad es la que es: cuatro derrotas consecutivas en Liga (y de ellas sólo una entra dentro de lo esperable, y de ninguna manera, entra dentro de las posibilidades perder en Nervión frente al Español y frente al peor Deportivo de las últimas décadas) en el puesto quince y muy lejos de la cabeza.
Ese es nuestro próximo rival: el peor equipo de la categoría, que no ha ganado ni un partido, que tiene un punto en la tabla, que es el equipo más goleado (17 goles recibidos) y el menos goleador (sólo 3 a favor).
Ganar en el Ciudad de Valencia es una absoluta obligación.
No cabe otra.
Y esto no es meter presión.
Esto es decir las cosas tal y como las pienso y las siento.
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