Muerte entre las flores
Miércoles, Octubre 10th, 2007Desde que Antonio Puerta se desvaneció en aquella fatídica noche agosteña y se nos marchó a la grada sevillista del tercer anillo del Sánchez-Pizjuán no cesan los actos de recuerdo y homenaje hacia nuestro llorado canterano.
Uno de esos actos, todos los sevillistas lo sabemos, es el que han tomado como costumbre todos y cada uno de los equipos que vienen a disputar un encuentro liguero a la Fábrica de Sueños de Nervión.
Bien sea sólo el capitán, bien toda la plantilla, cuerpo técnico incluido como sucedió el pasado domingo con el Deportivo, en los minutos previos al encuentro se produce esa ofrenda floral en el Gol Sur, en homenaje a Antonio Puerta.
Yo sé, todos los sevillistas lo sabemos, que en esas flores hay mucho respeto, mucho cariño, mucho dolor, mucha solidaridad, mucho reconocimiento.

Homenaje del equipo que sólo vendrá una vez a Nervión en esta temporada (salvo enfrentamiento copero posterior) y que, de alguna forma, quiere, y se agradece en el alma, hacernos ver a los sevillistas que comparten nuestro dolor y nuestra tremenda pena.
Nos muestran, de forma incondicional, que sus corazones están junto a los nuestros.
Y por ello, hemos de estar, claro que sí, eternamente agradecidos.
Pero entre esas flores que se depositan con todo el cariño del mundo también hay muerte.
Muerte entre las flores, el título de esa magnífica película de los hermanos Coen.
Entre esas flores hay el recuerdo del amigo, del hermano que ya no está, y que debería estar en esa banda izquierda.
Entre esas flores hay un regresar a la tristeza, al llanto incluso. Entre esas flores se atisba un momento de bajón anímico.
Lo escribí en este blog el día después del último adiós a nuestro Antonio Puerta.
Basta ya de revolcarse en el dolor.
Antonio seguirá siempre presente en nuestros corazones, pero ya está siendo tarde para acabar con el doloroso protocolo de este tipo de adioses interminables.
En mi modesta opinión, hay que terminar con este tipo de actos que lo único que hacen es volver a incidir en la pena y en el dolor y, por tanto, pueden afectar en el ánimo de nuestros futbolistas, que por unos minutos vuelven a revivir el intensísimo dolor padecido por la pérdida del compañero, del amigo.
Se agradecen los gestos de los equipos rivales.
Pero que el acto de homenaje se haga en el descanso, por ejemplo, en el antepalco y que lo protagonice el Presidente o el Consejero que ostente la representación de cada club. De forma íntima, porque no es necesario darle a este tipo de actos la cobertura de las televisiones o de las cámaras fotográficas.
Es seguro que no se hacen buscando la repercusión mediática.
Pues no se la demos.
Y lo del silencio absoluto en el minuto 16 de cada partido, dejémoslo a un lado también, por favor.
Hay jugadores que ya ni piden el balón, ni dan un grito tal vez necesario para rectificar la posición de un compañero, por miedo a resultar irrespetuoso, ofensivo.
Podemos llegar al absurdo de que un futbolista se ponga de gol en ese minuto 16 y le entre la duda de si marcar o no el tanto, no vaya a ser que la gente lo cante y lo celebre.
A ese absurdo podemos llegar.
Hay que volver a la normalidad cuanto antes.
El recuerdo de Antonio siempre en nuestros corazones.
Y cuando toque fútbol, nada más que fútbol.




