Victoria, que es lo importante
Martes, Octubre 23rd, 2007Victoria por dos a uno, en uno de los marcadores más increíbles que he podido ver en los últimos tiempos.
Inaudito que el Sevilla FC no se haya paseado (con goleada de escándalo) ante el Steaua.
El infame, pero infame, infame, colegiado italiano Rosetti ( si esta es la élite del arbitraje europeo, búsquenme un paquete de pañuelos de papel porque voy a llorar muchísimo) lo evitó.
Se tragó dos clarísimos penaltis por sendas manos de los rumanos en su área. Y el segundo, además, lo vio y no lo pitó porque no le salió de las narices.
Porca miseria.
El patético Rosetti y los palos.

El trallazo de Keita a la madera en la primera parte, el de Luis Fabiano en la segunda, goles, varios, que debieron entrar pero que se quedaron en “uyyy”.
Tengo un amigo que dice que no hay cosa más bonita que escuchar un “uyyyy” en la Bombonera de Nervión.
Pero más bonito todavía es cantar el dos a cero de Luis Fabiano justo en el momento en el que la grada de Nervión se acordaba de su Antonio José Puerta Pérez a fuerza de corazones en las gargantas.
Antonio, desde el tercer anillo, lo hizo posible, tal vez para dar las gracias por acordarnos de él como a él le gustaría.
Ya digo, injusto tener que sufrir siendo tan superiores, pero este deporte llamado fútbol tiene estas cosas.

Hoy el Sevilla ha vuelto a hacer un homenaje al fútbol. Sobre todo en la primera mitad. Qué desborde, qué velocidad, qué forma de tocar, qué bandas (Capel y Navas, Navas y Capel, los frutos de la mejor cantera de España, la Ciudad Deportiva al poder que, como todo el mundo sabe, es la Ciudad Deportiva más cerca de Utrera que hay en el mundo
), qué bloque con más poderío, qué derroche de Keita, qué bien Mosquera (aunque se queda clavado en el gol rumano rompiendo el fuera de juego).
Yo creo que Europa está de enhorabuena con este Sevilla en la máxima competición.

El de hoy ha sido un partidazo con todas las letras.
Lo intentó manchar el patético Rosetti, no sólo por los penaltis no pitados, sino por errores de reglamento básicos y deplorables en cualquier árbitro que se precie.
Esos días debió faltar a clase, el “bambino”.
Noche de reencontrarse con el equipo, grada y futbolistas todos a una.
Noche importante, de victoria, de sumar tres, que más tres son ya seis y que, ahora sí, nos ponen segundos de grupo a costa de un Slavia que acaba de recibir en el Emirates Stadium la paliza más grande (7-0) de la Historia de esta Liga de Campeones.
Sólo una vez se dio ese marcador en esta competición: en un Juventus-Olympiakos el 10 de diciembre de 2003.
Siete a cero.
Con todo esto, la próxima salida a Bucarest puede resultar definitiva, si ganamos y si, a su vez, el Arsenal gana en Praga.
Y, después, a pelearnos por el primer puesto con el equipo de Wenger.
Hoy se disiparon muchas sombras, a base de fútbol.
El tirunfo debió ser mucho más holgado.
Pero si los palos se ponen pesaditos y nos cruzamos con un árbitro tan lamentable como el italiano de hoy, la victoria mínima se antoja vital.
Al fin y al cabo, ganar es lo único importante en esto del fútbol.

