Acabo de llegar a casa. Llevo todo el día fuera y terminando mi programa de “Sevillistas por el mundo” me pongo a escribir algo sobre el entrenador del Sevilla FC.
Esta situación es un poco absurda, vaya eso por delante.
No comprendo cómo, jurídicamente hablando, se puede llegar a esta situación que estamos viviendo en el día de hoy.
No comprendo cómo un club de la categoría del Sevilla FC, con sus ciento dos años a cuestas, con sus nueve títulos, que son diez si como tal consideramos el de mejor equipo del mundo puede estar, en las previas de una semana crucial para su futuro en la Liga sentado a la espera de lo que , finalmente, decida un señor entrenador con el que se tiene un contrato en vigor que vence en junio de 2008.
Creo que esto no es serio, pero así es como están las cosas.
Un futbolista no puede hacer lo que hacen los entrenadores a este respecto.
Alguien, la FIFA, la UEFA, debería revisar esa legislación que permite a un técnico incumplir un contrato firmado por la misma cara y dejar a un equipo en la estacada a mitad de temporada.
Pero bueno.
El temita es el que es.
He estado hablando con gente de peso en el club. Y me dicen que qué va a hacer el club.
Eso digo yo.
¿Que se pretende que haga el club?
¿Qué va a decir el club?
El club tiene un entrenador, con contrato en vigor hasta junio de 2008.
Un entrenador que repetidamente, en comparecencias públicas varias, ha dicho que rechaza las “mareantes” ofertas que le han llegado porque su profesionalidad le impide incumplir lo que tiene firmado.
Ahora, todos los medios se hacen eco de una, al parecer, irrechazable oferta de un equipo inglés que acaba de cesar a su técnico a otro técnico que tiene contrato en vigor en otro club, que resulta ser el Sevilla FC.
Pues habrá que esperar a ver qué hace, qué dice ese entrenador.
Y otra cosa no se puede hacer.
Es que yo creo que es de cajón.
Sólo se puede esperar a ver qué decide el señor que, a las 20:10 horas (hora en la que he salido del Ramón Sánchez-Pizjuán), sigue siendo entrenador del Sevilla FC.
Pues nada. Esperaremos.
Lo malo es tener que escuchar, mientras esperamos, las pamplinas, no por repetidas menos desagradables, de tipos como el ínclito Víctor Fernández.
Pobre criatura.
Humildísimo gacetillero.
Pues nada.
Seguimos esperando a que el señor Juande Ramos decida si quiere seguir siendo entrenador de nuestro Sevilla del alma o decide marcharse.
Dentro de poco más de 48 horas el Sevilla FC inicia una semana crucial, vital diría yo, para su futuro inmediato en la Liga de las Estrellas.
El Sevilla FC tiene en su mano, aún con un partido menos, colocarse de nuevo en los puestos de cabeza de la clasificación, peleando por todo.
El domingo, recibimos al Valencia CF.
El miércoles siguiente nos vamos a Madrid, a jugar en el campo del Atlético de Madrid, ese estadio donde tanto se nos quiere en las últimas temporadas.
Al siguiente fin de semana viene a Nervión el subcampeón de la Supercopa de España.
Hoy, 26 de octubre, es el viernes previo a una semana fundamental para el futuro liguero del más grande equipo de Andalucía.
Ahora, como siempre, sólo hay que esperar a que pase el tiempo.
Ese que no miente.
Ese que, siempre, pone a cada cual en el sitio que se merece.
El gol del empate español lo marcó Iniesta, que lucía el dorsal 16.
La Selección quiso homenajear a nuestro Antonio Puerta y los futbolistas se pusieron una camiseta con el nombre de Puerta impreso en el pecho y el número 15 en la espalda.
Antonio debutó en la selección absoluta española con el dorsal 15.
Un amigo mío (bético, muy bético) se acordó de mí.
Por esas cosas de la vida, una de esas camisetas llegó a sus manos.
Y mi amigo se acordó de mí.
Me la regaló.
Y ahora la tengo conmigo, en casa.
Uno de los regalos más emotivos que me han hecho jamás.
En el programa oficial del partido de ayer de Copa de Europa (de gran calidad, dicho sea de paso) se incluía el siguiente texto.
Es una carta de Martí a su amigo Antonio Puerta.
Compañeros de habitación en tantas y tantas ocasiones. Amigos. Más que amigos.
Las lágrimas acuden, inevitablemente, otra vez, después de leerla.
Pero, al mismo tiempo, descubrimos, una vez más, la grandeza que hay en el corazón de José Luis Martí y nos reencontramos con la que hay, sigue habiendo, en el corazón de Antonio Puerta.
AMIGO MÍO
No es fácil poder expresar en palabras lo que vivimos juntos durante estos cinco años. Está claro que tu sencillez, generosidad, humildad, amistad, tu afán de compartir con los demás… nos han marcado para siempre.
A veces, cuando entro en el vestuario espero encontrarte ahí, como siempre, haciéndonos reír a todos. Cuando entrenamos, no quiero escuchar eso de “balón por parejas” porque inmediatamente pienso en ti (tres años como pareja tuya en este ejercicio son difíciles de olvidar). Se me está haciendo muy dificil la vida sin ti, son muchas las cosas que compartíamos. Intento continuar con nuestro pequeño ritual antes de cada partido: nuestro aperitivo antes de la comida, el chocar las manos antes de la charla técnica, y esperar en el césped del estadio hasta una hora antes de empezar el partido para entrar en el vestuario. Todo, como ya sabes, lo sigo haciendo como siempre, pero ahora ya no estás a mi lado. Desde entonces en lo único que pienso es que fichaste por otro equipo y este sí es el mejor del mundo “El de los Ángeles”, porque siempre fichan los mejores.
Anécdotas tenemos muchas, pero siempre recordaré que, medio en broma, medio en serio, hablábamos de la posibilidad de que algun día pudiera ser tu entrenador y que, entonces, jugarías siempre de titular. Tu me decías que ibas a poder hacer como los cracks, no entrenar y poder jugar los domingos, y yo sólo te decía que tú no eras de esos. A ti te gustaba trabajar. Ahí era cuando ya no sabías qué decir y asentías con la cabeza.
Tenía un pensamiento que hasta ahora no había dicho a nadie y es que no sé por qué tenía esa sensación que tu hijo nacería el 14 de Octubre (porque sería una gran ilusión). Lo hizo otro día, y no pasa nada, porque desde el día que nació ese bebé ya sabes que yo estaré ahí cerca para poder hablarle de cómo era su padre en su trabajo, que es la única faceta en la que su madre no le va a poder contar.
A mí ya me están tocando las narices los notas estos de la alegre pandilla.
Cuando hace más de un mes escuché al amigo Paquito Cepeda en una televisión local darle palos a un Mosquera al que no se le había visto jugar siquiera, porque el entrenador no lo había puesto apenas, me di cuenta de que alrededor de mi oreja había una mosca revoloteando que producía un zumbido alarmante.
“¿Y esto a qué viene?”, me pregunté.
“O mucho me equivoco, o tenemos nuevo caso Chevantón a la vista”, me dije.
Estos cepeditas de la vida, estos Chazarris, estos humildes gacetilleros, reyes magos de las sudaderas, estos muchachetes de González Abreu, estos Lucas (no de Famosa), vengo contando desde hace tiempo que se preparan un discurso en el cuchicheo de la Ciudad Deportiva más cercana a Utrera del mundo y se dedican a soltarlo en todos aquellos medios “desinformativos” que les dan cobijo que, por si no te has dado cuenta todavía, son una hartá.
Y,claro, el que no está al loro y se encuentra fusilado con la misma triste perorata desde tres o cuatro radios distintas ( Radio Sevilla, Canal Sur Radio, Punto Radio…), desde varios periódicos distintos ( El Correo de Andalucía, La Razón, el Diario As…) y desde algunas televisiones (Canal Sur, Sevilla TV, CRN Giralda) pensando sin pensar llega, sin querer queriendo, a la conclusión de que si tanta gente dice lo mismo será verdad.
Un millón de moscas no se equivocan, afirmaba aquel famoso grafiti.
Pues no se equivocarán, pero yo mi parte de mierda se las cedo gustoso.
A las moscas.
Y a los moscones.
En este putrefacto mundo del “periodismo deportivo” (nacional y local, pero en este post hablo del local) está todo estudiado, sabido, conocido, explicado y entendido.
Quizás no para la inmensa mayoría, pero para algunos que llevamos años, muchos años ya, bailando con lobos, los comportamientos no se nos escapan y sabemos que , siempre, detrás de un qué hay un por qué.
Quiero decir.
Cuando un Cepedita cualquiera de la vida enarbola un discurso que horas más tardes es seguido a machamartillo por los cuatro o cinco miembros restantes del corro de la patata, comeremos ensalada, es que algo hay detrás.
Porque esta gente no se mueve porque sí.
No.
En esto, como en todo en la vida, la supuesta y cachondísima imparcialidad y objetividad de criterios que venden estos charlatanes del humo no es más que burdo disfraz, iba a decir digno de “Mortadelo” (el de los cómics, no el otro) pero Mortadelo, el tipo, tiene arte para disfrazarse.
Por lo menos hace reír.
Estos tipos que dicen vivir de la información (¿mande?) tienen amistades, proximidades, círculos, profundas gargantas, intereses comunes, intereses propios, cercanías, odios, cruzadas, complicidades, fines compartidos.
Entre ellos y, ojo a esto, con gente que no son de su alegre pandilla pero que ahí están…
Nada es porque sí.
Bueno, pues ahora, desde hace demasiado tiempo, a estos figuras les ha dado por crucificar a Mosquera y a Bouhlarouz.
Sin verlos.
Pero cuando hay que verlos, la asquerosamente injusta etiqueta puesta está ya.
Y eso pesa.
Lo intentaron con Kanouté, con Daniel, con Palop.
Lo lograron (de momento) con Chevantón.
Y ahora el objetivo es Mosquera y es Bouhlarouz.
Yo no sé, lo escribí hace mucho tiempo, lo que pensarán determinados futbolistas que vienen al Sevilla a jugar al fútbol, a intentarlo al menos, y que llegan siendo internacionales absolutos con sus respectivos países un buen puñado de veces, y se encuentran con que algunos tipos de la llamada prensa deportiva local se les tiran al cuello sin haber terminado de bajar la escalerilla del avión.
Debe ser desolador. Y sobre todo, debe ser, digo yo, doloroso.
Esto pasa, claro está con jugadores que vienen a jugar, a intentarlo al menos, no en Sevilla, sino en el Sevilla.
Nótese la importancia del determinante en la frase.
Obviamente, la defensa, especifico, el compás defensivo del bloque, no es el mismo que el año pasado.
Normal, diría yo, cuando no se tiene un lateral izquierdo específico y hecho al puesto, a los compañeros y al sistema, y cuando no está el que de verdad reparte el bacalao, que es el Gran Capitán Javi Navarro.
Normal, también, cuando los centrales que vienen a intentar aportar llegan de un fútbol muy diferente y cuando no tienen confianza, ni partidos, ni minutos, ni apoyo por parte de casi nadie.
La liturgia papafritera viene siendo la misma siempre, porque, levanto la alfombra y el que quiera mirar debajo que mire, es lo que toca.
Hay que cargar contra los de siempre y hundirlos, si se puede.
Como pasó con Cheva, como pasa con Mosquera, o con Bouhlarouz.
¿Razones?
Esto lo dejo para que os exprimáis una mijita el intelecto, que tampoco os lo voy a dar todo mascadito.
La defensa, el aire defensivo, no es la misma que el año pasado, claro que no.
Pero de ahí a repartir palos de forma indefectible siempre sobre los mismos, siempre después de cada partido, pues mire usted, no me vale.
¿La defensa sí y la delantera no?
A ver ¿cuántas veces tiraron a puerta ayer los rumanos?
¿Está mal un sistema defensivo que procura una sola ocasión de gol para el rival en 90 minutos?
¿O dos ocasiones en 90 minutos jugando de visitante, como pasó en Zaragoza?
¿O tres contra el Español?
Yo creo que no.
Y digo más…
¿Habría que mirar, a lo mejor, a la faceta atacante, a la realizadora?
¿Qué es peor, que te hagan una sola ocasión de gol y te la metan, o tener diez, doce ocasiones claras de gol y no meter ninguna, o sólo dos como ayer?
¿El problema es la defensa?
Si ayer, por ejemplo, marcamos sólo dos ocasiones de las muchas que se fallaron, y el marcador va cuatro a cero (como debía ir) ¿alguien se acuerda del gol de Petre?
¿Alguien se hubiera acordado del fallo de Palop en la falta de D’alessandro si metemos la mitad , sólo la mitad, de las ocasiones creadas en La Romareda?
¿Alguien se estaría acordando del contragolpe de Guardado si los de arriba hubiesen metido tan sólo tres de las muchas ocasiones que se le hicieron al Deportivo?
Pues, ea, ahí queda la cosa.
A costa de que me sigan poniendo la etiqueta de paranoico, de empecinado en guerras particulares (ya me contarán las guerras particulares que puedo yo tener contra el imperio papafritero) yo sigo contando las cosas como son.
Para el que quiera preguntarse cosas, para el que quiera ir siempre un poco más allá.
Porque, ya digo, las cosas del papafritismo no son porque sí.
Victoria por dos a uno, en uno de los marcadores más increíbles que he podido ver en los últimos tiempos.
Inaudito que el Sevilla FC no se haya paseado (con goleada de escándalo) ante el Steaua.
El infame, pero infame, infame, colegiado italiano Rosetti ( si esta es la élite del arbitraje europeo, búsquenme un paquete de pañuelos de papel porque voy a llorar muchísimo) lo evitó.
Se tragó dos clarísimos penaltis por sendas manos de los rumanos en su área. Y el segundo, además, lo vio y no lo pitó porque no le salió de las narices.
Porca miseria.
El patético Rosetti y los palos.
El trallazo de Keita a la madera en la primera parte, el de Luis Fabiano en la segunda, goles, varios, que debieron entrar pero que se quedaron en “uyyy”.
Tengo un amigo que dice que no hay cosa más bonita que escuchar un “uyyyy” en la Bombonera de Nervión.
Pero más bonito todavía es cantar el dos a cero de Luis Fabiano justo en el momento en el que la grada de Nervión se acordaba de su Antonio José Puerta Pérez a fuerza de corazones en las gargantas.
Antonio, desde el tercer anillo, lo hizo posible, tal vez para dar las gracias por acordarnos de él como a él le gustaría.
Ya digo, injusto tener que sufrir siendo tan superiores, pero este deporte llamado fútbol tiene estas cosas.
Hoy el Sevilla ha vuelto a hacer un homenaje al fútbol. Sobre todo en la primera mitad. Qué desborde, qué velocidad, qué forma de tocar, qué bandas (Capel y Navas, Navas y Capel, los frutos de la mejor cantera de España, la Ciudad Deportiva al poder que, como todo el mundo sabe, es la Ciudad Deportiva más cerca de Utrera que hay en el mundo ), qué bloque con más poderío, qué derroche de Keita, qué bien Mosquera (aunque se queda clavado en el gol rumano rompiendo el fuera de juego).
Yo creo que Europa está de enhorabuena con este Sevilla en la máxima competición.
El de hoy ha sido un partidazo con todas las letras.
Lo intentó manchar el patético Rosetti, no sólo por los penaltis no pitados, sino por errores de reglamento básicos y deplorables en cualquier árbitro que se precie.
Esos días debió faltar a clase, el “bambino”.
Noche de reencontrarse con el equipo, grada y futbolistas todos a una.
Noche importante, de victoria, de sumar tres, que más tres son ya seis y que, ahora sí, nos ponen segundos de grupo a costa de un Slavia que acaba de recibir en el Emirates Stadium la paliza más grande (7-0) de la Historia de esta Liga de Campeones.
Sólo una vez se dio ese marcador en esta competición: en un Juventus-Olympiakos el 10 de diciembre de 2003.
Siete a cero.
Con todo esto, la próxima salida a Bucarest puede resultar definitiva, si ganamos y si, a su vez, el Arsenal gana en Praga.
Y, después, a pelearnos por el primer puesto con el equipo de Wenger.
Hoy se disiparon muchas sombras, a base de fútbol.
El tirunfo debió ser mucho más holgado.
Pero si los palos se ponen pesaditos y nos cruzamos con un árbitro tan lamentable como el italiano de hoy, la victoria mínima se antoja vital.
Al fin y al cabo, ganar es lo único importante en esto del fútbol.
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