Una vez más, los lamentables tipos estos que se reúnen cuando les parece bien para demostrar cada vez que tienen ocasión lo podrido del fútbol español, el doble rasero que aplican siempre, el servilismo al polvo de estrellas y la guadaña implacable sobre equipos como el Sevilla Fútbol Club han vuelto a dejar claro qué tipo de mafia es la que domina el asqueroso fútbol español.
Y, por supuesto, sigue a una cartulina amarilla del ciclo de cinco, ya que al ver dos en el mismo partido no acumulan.
El segundo partido es por, dicen los prevaricadores del Comité de Manipulación, desconsideración al cuarto árbitro, ya que en el acta se recoge que Daniel , después de ser expulsado, le dijo “qué poca vergüenza tenéis”.
Eso, es obvio, lo dice por ejemplo Guti y no pasa nada.
Son muchas las ocasiones en que, recogiéndose en el acta frases como esta o mucho peores, el Comité de Manipulación ha mirado para otro lado y no ha sancionado.
Si se trata de un jugador del Sevilla FC, sin piedad.
Así que el madrileño Velasco Carballo sigue machando al Sevilla FC incluso dos días después de finalizado el partido robado en Villarreal.
Y el angelito de Diarrá sigue por esos campos de Dios pegando patadas con total tranquilidad, mientras la cara de José Angel Crespo está cruzada con infinidad de tornillos y de placas metálicas.
El cirujano que le operó afirmó al finalizar la intervención que parecía que Crespo había sufrido un accidente de tráfico.
Eso es lo que hay.
Por si tienen dudas de la porquería que rige el fútbol español.
Pienso en ello y se me ponen los vellos para colgar llaves.
Me acuerdo de aquel inolvidable 2523 de junio del año 2007 , me acuerdo del día en el que Madrid estuvo más hermosa que en toda su historia, me acuerdo de los ochenta mil sevillistas convirtiendo La Castellana en Eduardo Dato, el Bernabéu en el Sánchez-Pizjuán (nunca estuvo, nunca volverá a estar ese estadio más bonito) copado por el Sevillismo.
Me acuerdo del gol de Kanouté y de Javi Navarro, precisamente él, recogiendo la Copa de España de manos de Su Majestad el Rey (le agradezco al monarca su magnífica frase el otro día con el impresentable de Hugo Chávez: habría que aplicársela a muchos vendedores de burras a los que les dan un micrófono, público o privado, para que demuestren si ningún género de dudas lo cerca que están de eso que llaman “borderlines”).
Pues bien, para llegar, para intentar llegar de nuevo a esa locura, hay que empezar hoy en Denia.
A las 21:00 horas, en el Nou Camp de Denia, con su estrechez y con su césped artificial.
Con la diáspora de internacionales y sin ningún tipo de confianzas.
El año pasado, no hace falta recordarlo, frente a otro Segunda B (el Rayo Vallecano) estuvimos muchos minutos eliminados en otra eliminatoria a doble partido, con el empate a cero en Vallecas y con el empate a uno que campeaba en el marcador de Nervión hasta que Kanouté desatascó la cosa.
Y el año pasado también, en el campo de un Tercera, la Gimnástica Segoviana, las pasamos canutas y aunque ganamos cero a uno, nos tuvieron acogotados, con varios tiros a la madera.
Así que hay que ponerse las pilas para que la vuelta el dos de enero (tiene guasa la fechita) sea un trámite auténtico.
Con la cantidad de internacionales que se han marchado (el último O Fabuloso, que vuelve a la canarinha; se lo merece el “Iluminado”) con la lesión de Kanouté, que lo va a tener parado unos diez o catorce días, y las bajas ya conocidas de gente como Javi Navarro, Escudé, Crespo, Maresca o Casado, Manolo Jiménez hoy sacará un once mezcla de canteranos y jugadores del filial, teniendo muy claro (porque lo tienen ) que en ningún momento podrían jugar más de cuatro futbolistas del Sevilla Atlético al mismo tiempo.
Creo que jugará “Superfly” De Sanctis (eso de “Superfly” lo lleva escrito en los guantes) en la portería.
Podría formar atrás con Hinkel y Adriano en los laterales y con Boulahrouz y David Prieto (o Lolo) como centrales.
En las bandas, apuesto por Alfaro y Capel, con Fazio (ojo al recurso del Denia de meter balones aéreos como recurso atacante) y Martí en el medio centro y con Renato y Arouna Koné arriba.
Después de darle muchas vueltas al tema, me quedo con ese once.
El partido, por cierto, lo televisan a través del PPV.
Para empezar digo que yo, antes de que el Sevilla FC fichase a este jugador, no tenía ni idea de quién era.
No había oído hablar de él en mi vida.
Jamás lo había visto jugar al fútbol.
Exactamente lo mismo les pasa a todos esos “catedráticos” del fútbol a los que se le llena la boca afirmando que Mosquera no vale para nada.
Yo no digo ni que sea bueno ni que sea malo, porque no sé de qué jugador estoy hablando.
Yo lo que digo es que hay que darle tiempo.
Y partidos.
Y entonces podré decir si es bueno o es malo.
Y lo que no haré será decir que no vale para el fútbol porque haya cometido tres errores defendiendo la camiseta del Sevilla FC.
Quien dice tres, dice seis.
Los que sean.
Todos los papafritas de esta ciudad que quieren (desde antes que se enfundara la camiseta del Sevilla FC) aplastar a Mosquera, hundirlo en la miseria, están en la misma situación que yo.
Es decir ni han visto jugar a Mosquera antes de su llegada al Sevilla FC ni tenían ni puñetera idea de quién era Mosquera.
O sea, que tanto los papafritas como yo, o como tú, lo único que sabemos de Mosquera es lo que le hemos visto aquí.
Hasta aquí, supongo que estaremos de acuerdo.
Más o menos, sólo podemos hablar de Mosquera por lo que ha hecho en el Sevilla FC.
Lo cual es tanto como decir que algunos de estos papanatas, que tanto saben de todo, son capaces de concluir con una aplastante seguridad que Mosquera no es ni jugador de fútbol.
Siendo que ellos lo único que han visto es a un futbolista que viene de fútbol americano al fútbol europeo, a un futbolista al que desde antes de llegar (tipos arrastrados devolviendo favores al ególatra de Pedro Muñoz) le están metidos más palos que a una estera, a un futbolista que se ha entrenado poquísimo con sus nuevos compañeros porque (¿cómo puede ser esto, con lo malo que es el tipo?) es un fijo indiscutible en su selección nacional y está más tiempo viajando que en nuestra ciudad, a un futbolista al que su anterior técnico, no es que no lo apoyase, es que lo puteaba a saco, para tratar de poner en evidencia a la mejor Dirección Deportiva de España y de las mejores de Europa, a un futbolista que cada día que sale al campo sale hiperpresionado, con el terrible temor a fallar, sin confianza ninguna, con mucha prensa (o lo que sea) local apuntando con sus rifles a su cabeza esperando la mínima para apretar el gatillo y con el anterior técnico poniéndole en evidencia y a los pies de los caballos cada vez que tenía oportunidad.
Ese es el futbolista al que todos estos que tanto hablan han visto.
Sin embargo.
La dirección deportiva del Sevilla Fútbol Club es la mejor de España.
Al frente de la misma hay un señor, Sevillista como yo, de demostrada solvencia y de demostrada capacidad a la hora de descubrir futbolistas que juegan a la pelota en algún lugar del mundo pero que pasan desapercibidos para todos.
Para casi todos. Para los nuestros no.
La dirección deportiva del Sevilla FC no ficha por un vídeo. Ni por dos, ni por tres.
La dirección deportiva del Sevilla FC no ficha por lo que haga la dirección deportiva de otro club.
Un ejemplo, el polvo de estrellas con el brasileño Marcelo.
¿Que Monchi está detrás de un lateral izquierdo brasileño que no tenemos ni puta idea de quién es y que se llama Marcelo?
Pues, aunque no sepamos quien es Marcelo, ofrezcámosle a su club el doble de lo que el Sevilla ofrezca y al jugador también.
Así es como actúa la dirección deportiva comandada por el estomagante (cuántas palabras maravillosas debo agradecerle a mi madre) de Mijatovic, pero la nuestra no.
Nuestra dirección deportiva no ficha a golpe de impulso, como hacen otra direcciones deportivas.
Se sigue a los futbolistas. Se les ve jugar, in situ, muchas veces. Se elaboran informes. Se van descartando futbolistas. Los que siguen en la agenda, van pasando filtros. Se les va a ver jugar. Más partidos. Más veces. Muchas más.
Y después de un seguimiento exhaustivo, cuando el futbolista convence a los técnicos, se valora el apartado económico.
Si lo que pide el club de origen es considerado demasiado alto por nuestra dirección deportiva, se rechaza la opción.
Por todo eso, si Monchi y su gente han pagado ocho millones de euros por Mosquera, futbolista que además ocupa plaza de extranjero, yo no tengo más remedio que creer en el jugador.
Porque lo han visto en infinidad de partidos.
Porque los técnicos del club no son tontos, y esto creo que está más que demostrado.
No cometeré la torpeza de ponerme a escribir nombres ahora.
Porque, además de no ser tontos, son Sevillistas.
Y para ellos, a diferencia del hombre de la mancha y su fiel escudero, por ejemplo, lo primero de todo es el bien del Sevilla Fútbol Club.
Por cierto, con la pasta que dice que gana el hombre de la mancha en Londres ¿cómo es que esta mañana del lunes se pega un madrugón de la leche para pillarse un avión Londres-Sevilla con Ryanair?
El hombre de la mancha con su Dulcinea, y su fiel escudero con la suya.
Todos en Ryanair.
Qué le gusta un penique al tipo.
Qué cosas.
Vuelvo al tema del post.
Monchi no va a fichar nunca a un Mingo cualquiera para llevarse su buena comisión.
No.
Monchi, si se gasta ocho millones de euros (estamos hablando de ocho millones de euros) en un defensa central que ocupa plaza de extranjero es porque está más que seguro de que se trata de un gran central.
Claro, un gran central en condiciones normales.
Porque si el gran central se baja del avión y lee y escucha que los “periodistas” (o lo que sean) de la ciudad a la que llega lo están vistiendo de limpio sin pisar tierra, si llega y ve que el técnico (primero yo, después yo y por último yo y mi dinero, y al club que le vayan dando) empieza a putearlo y a ponerlo en evidencia con declaraciones repletas de cinismo y de mentira y, cuando debuta lo quita en el descanso para poner a un medio centro de central, y cuando lo pone de titular otro día lo vuelve a quitar en el descanso jugando en su casa, y cuando lo puede convocar no lo convoca y cuando, y cuando…entonces el gran central lo mismo se convierte en un mar de dudas, en un flan, en un eterno “Dios mío…¿dónde me he metido yo?”.
Yo defiendo a Mosquera, no por lo que yo le haya visto al jugador, al que le he visto varios errores de bulto (también le he visto jugar buenos partidos, con lo difícil de su situación) sino por el crédito que me merece un señor Sevillista, cuya única obsesión es el bien de mi equipo, que es el mejor en lo suyo y que hace que el club (que no tiene el dinero por castigo para gastarse, a lo mejor, treinta millones de euros en un Pepe de la vida) su club, se gaste ocho millones de euros en un defensa central que ocupa plaza de extranjero.
Y no hay más.
Lo defiendo también porque leo lo que de él se escribe en su país, donde llevan toda la vida viéndolo jugar, en Nacional de Medellín, en el Pachuca mexicano, y todo el mundo habla maravillas de él.
Hablan maravillas de él los que de verdad lo conocen, saben cómo juega, llevan toda la vida viéndolo.
¿Sabéis?
Me parece terriblemente injusto y tristísimo tener que estar, a estas alturas de la película, explicando estas cosas a determinados sevillistas.
Me parece tan injusto que me duele.
Como si Monchi y su equipo tuviesen que seguir examinándose ante la afición.
Qué cosa más injusta y más penosa.
Me parece una atrocidad elevar a absolutas las absurdas conclusiones que cualquiera pueda sacar de Mosquera por lo que se le ha visto, hasta el momento, en el Sevilla FC, con la cantidad de imponderables con los que este hombre viene jugando las pocas veces que ha tenido la oportunidad de hacerlo.
¡Ah!
Y otra cosa muy importante por la que defiendo a Aquivaldo Mosquera es porque yo sí tengo memoria y me acuerdo perfectamente de lo que los Cepeda, Haurie, Fernández, Chazarri, Aguilar, Ortega y Ordóñez (la alegre pandilla al completo) escribieron y dijeron en su día de futbolistas como:
Palop, Daniel Alves, Renato, Escudé, Drago, Luis Fabiano o Kanouté, por nombrar a algunos.
Lo que no me explico es cómo estos babuchas tienen la poca vergüenza de seguir opinando de fútbol después de las cosas que llevan escritas y dichas, por ejemplo, de los futbolistas mencionados cuando llegaron al Sevilla Fútbol Club.
Qué bonito es tener una memoria que medio funcione.
Y qué bonito es estar al lado de los que están en mi lado.
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