Manolo Jiménez ha decidido, con buen criterio desde mi punto de vista, poner las sesiones de entrenamiento de hoy jueves y de mañana viernes por la tarde, a fin de tener a su disposición al mayor número posible de futbolistas.
Ya hoy, en la Ciudad Deportiva, se vestían de corto futbolistas como Drago, De Mul, Keita, Mosquera y Poulsen.
Para mañana se espera la llegada de los cuatro restantes: Koné (anotó dos goles en un amistoso frente a Qatar), Kerzhakov (este me extraña sobremanera porque Rusia jugó en Andorra y no entiendo muy bien por qué no ha regresado ya) Alves y Luis Fabiano.
Ojo con el brasileño, porque parece ser que viene con el tobillo tocado y pudiera ser baja para el sábado ante el Mallorca, lo cual, de confirmarse, sería una muy mala noticia, habida cuenta del momento dulce que atraviesa el goleador sevillista.
Por su parte, los canteranos Casado y Crespo siguen recuperándose a marchas forzadas y poniendo todo y más para poder estar cuanto antes en disposición de jugar.
Y, por cierto, si no habéis visto la máscara que tiene que usar José Angel Crespo tras la brutal e impune agresión del madridista Diarrá, daos una vuelta por este portal.
Decíamos el otro día que sería fabuloso para “O Fabuloso” regresar a la que fue su casa durante muchos años portando una camiseta de titular de Brasil para enfrentarse a Uruguay.
Dunga comprendió y colocó al “Iluminado” en el once inicial de la verde amarilla.
Transcurría la primera mitad con la celeste mandando en orden y progreso sobre el césped paulista. Ganaba Uruguay por uno, con tanto del “Loco” Abreu y con superioridad manifiesta de la selección charrúa que si no se había escapado de forma definitiva en el marcador buscando un nuevo “Morumbíazo” fue por el portero brasilero y por los errores propios.
Y ahí, cuando ya había advertido en un par de controles dignos de David Copperfield, apareció Luis Fabiano, el “Iluminado” en estado de gracia, para recibir un balón en profundidad escorado a la derecha y para, cuando ya el campo se acababa, enganchar un derechazo raso espectacular que se coló entre las piernas de Carini.
Luis Fabiano hacía estallar su Morumbí del alma y recibía el aplauso enfervorecido de miles de paulistas entregados al regreso de su hijo pródigo, aquel que se fue a Sevilla a coronarse como grande del fútbol.
Dos a uno y Morumbí rendido ante el delantero del Sevilla Fútbol Club.
Brasil juega feo. Dunga no sé si tiene dibujo, esquema, idea de conjunto. Uruguay fue mejor, no mereció la derrota.
Pero…
La noche en que Ronaldinho se retiró agotado de no hacer nada a la hora de juego, la noche en la que Robinho se perdió en cien absurdas carreras sin sentido, la noche en la que la excelsa clase de Kaká (otro paulista criado en Mourumbí, junto a Julio Baptista) se diluyó en el querer y no poder, precisamente esa noche, apareció nuestro “O Fabuloso”, puso Morumbí patas arriba y salvó a Dunga de una buena.
Daniel Alves saltó al terreno de juego en el minuto 86 de partido, sustituyendo a Maicon, una vez más, titular en el costado derecho de la pésima defensa brasileña.
Luis Fabiano puede el próximo sábado pasar a formar parte de la Historia grande del más grande equipo de Andalucía.
Ya igualó la marca de Polster, anotando en cinco partidos consecutivos en Liga.
Tres grandes mitos del Sevilla FC ostentan el hito de conseguir marcar en seis encuentros seguidos: Juan Arza, Juan Araújo y José Carlos Diéguez.
Si “O Fabuloso” anota el sábado ante el Mallorca habrá igualado tan extraordinario récord.
Y en sus manos, en sus pies, en su cabeza, estará el pulverizarlo una semana más tarde en Almería.
Estamos a 22 de noviembre.
Luis Fabiano lleva anotados diecieis goles: catorce con la camiseta del mejor equipo del mundo (ocho en Liga, cinco en Copa de Europa y uno en la Supercopa de España) y dos con la de la pentacampeona mundial.
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