Venía oyendo que te ibas a marchar cedido a la Real Sociedad, pero no quería echar cuenta a lo que escuchaba.
Pero te vas.
¡Qué suerte tiene la Real Sociedad!
Yo he escrito sobre ti varios posts.
Nunca fueron suficientes. Nunca me salió decirte todo lo que me evoca tu nombre, tu figura, tu saber estar, tu excelsa humanidad, tu amor por nuestro Sevilla, tu hacer sin que se note, tu presencia sola.
Tus galones en el campo, y tu estar siempre, para jugar donde hiciese falta, con tu entrega inmaculada, con tu templar y mandar y parar, siempre pendiente del más pequeño de los detalles, siempre buscando lo mejor para nuestro camiseta.
No sé los motivos de tu cesión.
Imagino, claro, que uno de tu pasta no puede estar sin sentirse fundamental en un equipo.
No sé si habrá algo más.
Esperaré a las cinco de esta tarde a escuchar tu rueda de prensa de despedida.
No se trata de que yo sea más sevillista que nadie, ni tampoco menos. No consiste la cosa en eso.
Se trata de que a mí no me sale ser injusto.
No me sale, por mucho que duelan las cosas, por muchos resultados malos que se puedan dar, porque nos elimine el FC Barcelona sin perder ninguno de los dos partidos tras dos años ganando eliminatorias.
A mí no me sale insultar a mis futbolistas, ni al entrenador de mi equipo, ni a los consejeros, ni al Presidente.
Ni siquiera me sale insultar a los que insultan (incluso a mí) porque seguramente habré estado codo con codo con alguno de ellos en la Plaza de San Francisco, celebrando algún título, o en las calles de Glasgow, o en el estadio del PSV, o en las gradas del Luis II de Mónaco, o en las orillas del Guadalquivir, o en las entrañas del Bernabéu.
Ellos son sevillistas como yo.
Comparten mi sentimiento. Lo viven de otra manera, el cuerpo les pide otra cosa.
Pero a mí eso no me sale.
Mainz 05, Lokomotiv de Moscú, Lille, Zenit de San Petersburgo, Schalke 04, Boro, FC Barcelona, Gimnástica Segoviana, Rayo Vallecano, el otro equipo de la ciudad en el año 2007, Deportivo de La Coruña, Getafe, Atrómitos, Steaua de Bucarest, Shakhtar, Tottenham, Osasuna, Español, AEK de Atenas, Real Madrid y Denia.
Todos esos equipos cayeron ante el Sevilla FC, de forma consecutiva, uno detrás de otro en eliminatorias, en grandes finales, en partidos a vida o muerte, en choques de todo o nada.
No cuento la Final de Mónaco 2007 porque en ese partido la victoria fue jugar.
Veintiún duelos ganados desde que el Cádiz nos dejase en la cuneta en la Copa del Rey con el hombre de la mancha en el banquillo, en los tiempos aquellos de la “Fábrica de humo”, en la antesala de la gloria jamás imaginada.
Qué desastre era todo hace dos años ¿verdad que sí?
Qué malos eran los futbolistas, qué espanto y qué triste el entrenador, que ratero era el Presidente, cómo se había engañado a la afición.
Y sin cinco títulos de crédito.
Aunque esto del crédito que acabo de decir, visto lo visto, es otra estupidez de las mías.
Tras veintiún combates ganados que trajeron a nuestros corazones dos Copas de la UEFA, una Copa del Rey y una Supercopa de España y otra de Europa, el Sevilla FC cae ante el FC Barcelona y cae sin perder un partido.
¿Y cómo me va a salir a mí ser injusto?
No.
Me sale ser agradecido, me sale dar las gracias por tanto y tan grande vivido.
Me sale estar orgulloso de haber podido vivir esta inimaginable trayectoria que no iba a ser eterna.
Yo sabía que alguna vez, algún equipo, nos eliminaría.
¿Pasa algo? Creo que no.
Habrá quien piense que íbamos a ganar todas las Copas del Rey que se disputen de aquí a cincuenta años.
Gratitud eterna, gratitud infinita. No me sale otra cosa.
Hay muchos a los que sí les sale. Muy bien.
Pero todo eso que les sale en los días malos, en los días de derrota (derrota es que te eliminen, no hace falta perder el partido) es de una fragilidad definitiva: si en la falta de Daniel Alves de anoche el balón baja unos diez centímetros y se cuela en la portería de Valdés, estoy convencido de que no habría insultos, ni desquiciamiento, ni pedirían cabezas, estarían ahora diciendo que somos los mejores del globo, que vaya pedazo de partido que jugó anoche el Sevilla, que vamos a ganar la Copa por segunda temporada consecutiva, que esto y que lo otro.
Lo que a mí me sale, sin embargo, tiene bastante más base que un simple balón diez centímetros más abajo.
La base de lo mío tiene la solidez de cuarenta años.
Siempre igual: en las derrotas y en las victorias, en las vacas flacas (muchos, muchos, muchos años) y en las gordísimas.
Sé también que habrá algunos a los que les joda leeer esto que escribo, pero yo no escribo para vosotros.
Ni para vosotros ni para nadie.
Yo escribo para mí, para ver aquí plasmado lo que me hierve por dentro.
Y me hierve gratitud. Sólo gratitud.
No me hierve insultar, ni pedir hogueras, ni fusilamientos, ni pisotear a los futbolistas que tanto me han dado, que me han dado el más grande y más inalcanzable de mis sueños de sevillista multiplicado por cinco.
Un sueño de trayectoria, eso es lo que ayer se cerró. Otra puerta se abre.
Se cierra esta trayectoria y se abre otra, o continuamos con la europea, que tampoco es moco de pavo y a ver hasta dónde llegamos.
Y si no llegamos más allá de Estambul, pues tampoco me saldrá otra cosa que no sea gratitud.
Yo soy sevillista de esta manera.
Al que le guste, bien.
Al que no, también.
Ni pretendo que todos lo sean como yo lo soy, ni me importa la forma en que lo sean los demás.
Que me dejen ser sevillista a mi manera, y vivirlo junto a los que lo viven como yo.
Que a la hora de pasear títulos por la ciudad que nos prestó su nombre, ahí sí que estaremos todos a una borrachos de felicidad.
Incluídos, por increíble que pueda parecer, papafritas varios, deshollinadores, gacetilleros, alegres pandilleros, tomateros de tres al cuarto.
Y mientras llegan más títulos, y si no llegan igual, yo seguiré con lo mío viviendo el Sevilla de la forma y manera que mis mayores me grabaron en el alma a sangre y fuego.
Con gratitud.
Y al lado siempre de los míos, que los míos son los míos y lo serán siempre.
Si los que hace dos años se lucieron con sus “Fábricas de humo” siguen, dos años después, cinco títulos después, vomitando sus odios atávicos hacia vaya usted a saber qué o quién, hacia el Sevilla FC y no aprenden a dejar de hacer ridículo…
Si ellos, carroñeros (¿así los llamas tú, no Jarillo? Carroñero: que se alimenta de la carne corrompida, carne corrompida que se corrompe cuando la muerte llega. Excelsa metáfora) no se cansan nunca de expandir lo que llevan por dentro, que no es otra cosa que mierda pura, pura mierda, cómo voy yo a dejar de ser como soy?
Ellos lo tienen fácil en su inmensa degradación personal y profesional.
Se trata, sencillamente, de esperar, porque nadie gana siempre, porque nadie gana todo.
Porque todos pierden, porque todas las grandes, grandísimas, inigualables, inimitables rachas victoriosas terminan alguna vez.
Y porque se alimentan, pobres, qué pobres, de la ausencia de memoria de los demás.
Y de la injusticia de muchos.
Getafe el sábado, y luego Osasuna, y más tarde Recreativo y de nuevo el Barça…
Y después Fenerbahçe…
Partidos que se pueden ganar para retomar la senda de la gloria.
Partidos que se pueden perder, se pueden perder todos, para caer sin freno posible por el más oscuro de los precipicios.
Sea lo que sea lo que el futuro nos tenga preparado, no me saldrá ser injusto.
Aunque perdamos en Getafe, y nos gane Osasuna, y más tarde el Recre y nos eliminen los turcos.
Lo siento en el alma.
No me salió en cuarenta y dos años de sequía.
Imagínense ahora que tengo, en plata, en copas, lo que tengo y que sigo teniendo lo más grande que se pueda tener.
Mi manera de ser y de sentir, de vivir al Sevilla Fútbol Club.
La mía.
Siempre.
No me sale ser injusto.
Odio ser injusto con lo que uno ama.
¿Cómo decía aquel magnífico tifo de los Biris que todo el mundo tanto ensalzó en su momento?
Era algo así como “Mi pasión no depende de las victorias”.
El que quiera que se mire por dentro y se aplique al cuento…
Este sitio web no es un foro. Este sitio es un blog personal y, como tal, es un lugar subjetivo. Su autor es sevillista y habla desde su sevillismo. Su autor ni pretende ser objetivo, ni predica falsas objetividades... Leer más