Finalmente, tampoco estará para Huelva Seydou Keita, quien ya regresó ayer pero vuelve con molestias (terrible el precio de esa barbaridad que es la locura de la Copa de Africa de Naciones en enero) y no está entre los convocados porque no está en condiciones.
Entre lesiones y sanciones, esto es lo que hay.
Quince hombres solamente de la primera plantilla y tres del filial.
Con esto, hay que ir a Huelva a ganar.
A ganar fuera de casa por fin.
Palop, De Sanctis, Daniel Alves, Mosquera, Boulahrouz, Escudé, Fazio, Drago, Poulsen, Renato, Maresca, Duda, Tom De Mul, Kerzhakov, Alfaro, Luis Fabiano, Diego Capel y Casado.
El Rey de Africa asombra al mundo, anota sus goles y los celebra mirando al Cielo, a su Cielo de Musulmán, donde habita Alá, índices verticales que anuncian al planeta que el número uno ha vuelto a destrozar la portería rival.
El Rey de Africa llegó al más grande equipo del Sur De España, llegó del Tottenham, palabra inglesa que entonces, todavía, no significaba “traición”, y vino aquí, al Sevilla Fútbol Club, a hacerse grande, más grande, con nosotros, grande de Europa, a juntar copas, a reunir finales, a ponerle Títulos a los mágicos cuentos de Nervión.
¿Tú qué coleccionas, Freddy?
Finales, finales con mis goles, finales con final feliz, casi todas.
Sólo una con la tristeza de la derrota…¿pero qué fue aquella tristeza de perder esa final si, al final, la final perdida fue lo mejor que nos pasó en los días más amargos que el Sevillismo recuerda?
Kanouté, qué mayor eras cuando llegaste a nuestra blanca y roja realidad, qué pocos goles anotabas, qué fichaje más pobre, qué desperdicio de dinero.
El Rey de Africa acaba de ser coronado.
Lo nombro y no lo veo reventando redes, ni lo veo rematando de cabeza, no.
Nombro a Kanouté y la imagen que me viene es la del corazón de gigante, de espaldas a la meta rival, saltando en el aire como saltan los genios de la danza, y acogiendo el balón en el pecho, con la plasticidad de una pirueta de Nureyev, con la coordinación milimétrica del motor de un Fórmula 1, con los brazos extendidos y cayendo, cayendo, la ley de la gravedad tiene para con él un trato especial, el tiempo se para cuando salta Kanouté a controlar una pelota con el pecho.
Y todo esto, luciendo junto a su corazón el escudo de los Santos de Sevilla, tres, y de las Santas Letras, tres, ese, efe y cé, Sevilla Fútbol Club.
El Rey de Africa se viste con la camiseta del mejor equipo del mundo.
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