Como no podía ser de otra manera (bueno, en realidad sí que podía ser de otra manera; mayores barbaridades se han visto de los tipos estos del Comité de Competición) Daniel Alves podrá jugar el próximo encuentro ante el FC Barcelona.
Pérez Lasa recogía en el acta del partido que la amarilla que le mostró al “todocampista” brasileño fue por una zancadilla a un contrario.
Y en las imágenes, por mucho que miraras, no aparecía la zancadilla por ningún sitio.
Así que frente al Barça estará Daniel, estará Adriano, estará Keita, estará Jesús Navas y estará Kanouté.
No está mal recuperar tantos y tan buenos efectivos de cara al importantísimo partido del próximo fin de semana.
Mosquera, por su parte, ha sido sancionado con un partido por su expulsión (doble amarilla) del domingo en Huelva.
Sobre lo de Daniel, creoque es justo aplaudir al brasileño porque, después de algunas expulsiones absurdas que sufrió, es evidente que ha hecho examen de conciencia y viene aguantando esas cuatro amarillas desde hace un buen puñado de jornadas.
Ya en la última jornada del pasado año vio una amarilla (injusta) ante el Rácing pero también le fue retirada ya que la pelota le golpeó en un ojo antes de rebotar en su mano.
Desde entonces, no ha vuetlo a ver tarjeta hasta el domingo en Huelva, pero de nuevo la cartulina mostrada fue injusta.
Así que no está de más reconocer el tremendo mérito de Daniel Alves en este sentido.
Tarde o temprano llegará la quinta amarilla pero está claro que el futbolista se ha concienciado perfectamente del asunto.
El otro día escribí un post en el que reproducía un audio.
En dicho audio, José Angel Ziganda Lakunza decía en una rueda de prensa que habían intentado que yo rectificara lo escrito en mi blog.
Escribí, lógicamente, que eso era rotundamente falso.
Ni Ziganda Lakunza, ni nadie en nombre de Ziganda Lakunza, ni Osasuna, ni nadie en nombre de Osasuna, se habían puesto en contacto conmigo para nada en absoluto.
Ahora no es que lo que dijo Ziganda Lakunza en aquella rueda de prensa fuera cierto (porque lo dijo el lunes 28 de enero creo recordar y cuando lo dijo no era cierto) pero ahora, debo decir que sí, que alguien, en nombre de Ziganda Lakunza y en nombre del propio CA Osasuna (¿¿??) se ha puesto en contacto conmigo y me ha pedido que rectifique lo publicado.
Es tan curioso como que, no sólo me piden que rectifique, sino que incluso me dicen textualmente , con pelos y señales, con puntos y con comas, qué es lo que tengo que escribir en mi blog.
Estos señores, pertenecientes según parece a un bufete de abogados de Madrid (no sé qué pensarán de esto los abogados de Pamplona, que los hay muchísimos y muy buenos) no se enteran de que a Jesús Alvarado nadie le dice lo que tiene o lo que no tiene que publicar en su blog.
Hombre, en un momento dado me lo tendría que decir un Juez, o un Tribunal, en cuyo caso procedería raudo a realizar lo que Sus Señorías me ordenasen.
Cuando exista una sentencia firme en ese sentido.
Si es que alguna vez existe.
Es decir, cuando Jesús Alvarado sea culpable de algo.
Si es que alguna vez lo es.
Quiero recordar que en este punto esa cosa tan maravillosa que se llama “presunción de inocencia”.
Principio constitucional en el que se cagan, a diario, todos los medios de comunicación de este país.
Disculpas si suena zafio el verbo utilizado, pero es que es así. Y, por supuesto, no lo digo por mí ni por este asunto.
Es triste moneda de cambio a diario, siempre.
¡Ay, este país!
Porque los “juicios paralelos de los medios de comunicación” me los paso por donde dijimos.
Ellos, en su eterna mezquindad, ya han dictado su “sentencia” en este desagradable asunto.
Me gustaría ver hasta qué punto son capaces de rectificar llegado el caso.
Rectificar “motu proprio”, me refiero, no porque se lo diga un Juez.
Porque si se lo dice un Juez ya no tiene mérito.
Jesús Alvarado es totalmente libre e independiente para publicar en su blog (blog, blog, blog, repito, blog) lo que estime oportuno.
Sigo.
Lo que estos señores me dicen es eso, que rectifique lo dicho.
Y que si no rectifico (no me dicen en cuánto tiempo. Tampoco tienen necesidad de hacerlo) pues se reservan las acciones legales que estimen convenientes.
¡Ah!
Me dicen también que, aún si rectifico, también se las reservan.
Así que así están las cosas.
No hay querella, por el momento, ni hay demanda, por el momento.
Como ya escribí el pasado domingo, día 27 de enero,yo lo que sigo diciendo es que hay personas que escucharon las barbaridades que dijo Ziganda en el momento en el que Iturralde señala el penalti (yo no, por Dios, qué insensatez la del que a estas alturas mantenga que yo lo vi o lo escuché, si el partido estaba en juego, si yo estaba en mi cabina de radio, en lo más alto del Sánchez-Pizjuán), y que entiendo que las personas que me lo han contado a mí no se presten a ningún circo mediático.
Digo y repito también que los testigos, los testigos que yo digo que existen y que afirman (ellos, los testigos, no un servidor) de forma categórica que Ziganda dijo lo que dijo hablarán, llegado el caso, donde tengan que hablar.
Hay quien ha mantenido por ahí (en este maremágnum de insultos, descrédito, injurias y calumnias hacia mi persona que se ha montado en distintos gallineros de este país) que no puede ser cierto que Ziganda dijera esas palabras tan terribles porque la persona que lo contó (o sea, yo) no estaba presente.
Pues claro que Jesús Alvarado no estaba presente.
¿Dónde, cuándo he dicho yo eso?
¿Cómo voy a decir yo que estaba presente, repito, si yo estaba narrando el partido en mi cabina, en lo alto de la grada de Preferencia del Sánchez-Pizjuán?
Yo digo, insisto y repito, que hay testigos que lo escucharon (los que a mí me lo contaron) y también digo, insisto y repito, que hay muchos periodistas (yo no soy periodista, me duelen los dedos de escribirlo) de esta ciudad que saben que lo que digo es cierto. Algunos han tenido la decencia de publicarlo y otros han preferido callar, para ver si con su silencio me llevan por delante.
Es que son tela de buena gente…
Hay una petición (correctísima, debo decir) por parte de unos señores de un bufete de abogados de Madrid de que rectifique lo dicho.
¿Y yo qué hago ahora?
Rectificar. No rectificar. Desempolvar mi vieja toga, por si acaso. En su defecto, buscar a un compañero que, llegado el caso, me defienda ante un Tribunal.
Esperar.
Meditar.
Sí, eso es lo que voy a hacer. Meditar a ver qué es lo que hago.
No sé, porque estos amables señores del bufete de abogados de Madrid no me lo dicen, cuánto tiempo tengo para meditar.
En realidad, tampoco me importa mucho.
Sólo sé que estamos ya a martes 5 de febrero y a mí no me ha llegado querella o demanda alguna.
Y también sé, porque no me lo puedo quitar de la cabeza y porque es muy importante que todo el mundo lo recuerde, que Ziganda Lakunza dijo esto:
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