Yo creo que estos tipos se la juegan a los chinos.
Son unos impresentables.
El Comité de Competición (ineptos redomados, manipuladores sin remisión) mantiene la primera amarilla que Doctor Jekyll Teixeira (en la primera parte fue Mr. Hyde) mostró a Seydou Keita.
Dice el acta redactada por árbitro cántabro:
En el minuto 67 el jugador (21) Keita, Seydou fue amonestado por el siguiente motivo: sujetar a un adversario en la disputa del balón.
En las imágenes del partido se percibe con claridad meridiana que no existe el supuesto “agarrón”, que Keita no sujeta nada, que lo único que hace es quitarle la pelota a su rival de forma más limpia imposible.
No sé qué extraño bebedizo ingerirán estos badulaques del Comité de Competición en sus reuniones, ignoro lo que fumarán.
Lo que sí sé es que, una de dos.
O son unos redomados y desahogados sinvergüenzas.
O los recursos los deciden tirando los dados.
En cuyo supuesto, también habríamos de concluir que son unos redomados y desahogados sinvergüenzas.
El club estudia la posibilidad de recurrir a Apelación.
Yo lo que recurriría es la legitimidad y la capacitación de los tristes personajes que componen el Comité en cuestión.
La Justicia deportiva no puede estar en manos de estos cuatreros.
Claro, que si en la base de la pirámide están los árbitros…
No defiendo a Jiménez porque sea sevillista. No es mi amigo Jiménez. Nunca he hablado con Jiménez más allá de un “hola”, un “adiós,”, un “enhorabuena” o un “ánimo”.
Lo único que hago es rebelarme ante la injusticia.
La injusticia de las etiquetas.
Se ha instalado en cierto sector del papafritismo de esta ciudad el mantra (estos mantas son mucho de mantras) de “acabemos con Jiménez”.
En el banquillo del otro equipo de la ciudad, por contra, otro técnico del mismo perfil que Jiménez cuenta con el beneplácito rastrero de muchos de estos mantas con mantra con unos números muchísimo peores que los de Jiménez.
Todo lo que hace Chaparro está perfectamente hecho.
La manita de barniz de los papafritas es tan descarada que produce hilaridad.
Por un lado, los ultrabéticos metidos a imparciales (tiene bemoles la cosa de tener que aguantar a furibundos lechugas y antisevillistas de cuna “valorando” las cosas de mi Sevilla, incluso a nivel nacional) y por otro los mantas del mantra de la alegre pandilla.
Todo lo que ocurra en el otro equipo de la ciudad (todo lo malo) es culpa de los jugadores.
El entrenador no tiene ninguna culpa de nada, nunca.
Todo lo contrario, venden ellos (tratan de vender, pero sólo le compran el género podrido los incautos) pasa en el Sevilla, donde el culpable todo es Jiménez, siempre.
Analizad y a ver (no “haber”) si no es cierto lo que digo.
Siempre.
Pero Jiménez cometió, recién llegado al banquillo de su equipo del alma, el delito de “lesa majestad” de plantarle cara y echarle cojones a esta tribu de manipuladores y ellos, en su eterna ruindad, se la juraron.
Y no paran.
Jiménez está sentenciado: por el papafritismo repugnante y por los cuatro voceros de la nada que se subieron al principio de temporada en el carro del “antitodo” (no confundir con antídoto) y ahí siguen, las criaturas.
Nada más indiscutible que los números, nada más demostrativo de la realidad.
Para gente, claro está, capaz de razonar.
Para aquellos que se mueven por odios personales, por etiquetas, por prejuicios, nada sirve.
Pero éste es ya problema de cada una de estas mentes obtusas.
Jiménez es un entrenador ultradefensivo, venden los charlatanes de feria.
Y por mucho que se les demuestre que eso es una falsedad, ellos siguen con su discurso carente de contenido.
A Jiménez se les está juzgando por lo que hace Jiménez y por lo que hizo el mayor traidor que se sentó jamás en nuestro centenario banquillo.
A mí me encantaría no tener que acordarme (acordarme, sí, para lo bueno: para los títulos que logramos con su ayuda) más del hombre de la mancha.
Pero mientras haya gente que sigan sacando el nombre del traidor para intentar comparar y “apalizar” a Jiménez, que es nuestro entrenador, seguiré hablando de este impresentable individuo de Pedro Muñoz.
Nos dio cinco títulos: mentira.
Ayudó a conseguirlos; estuvo en el momento exacto, en el sitio debido, con la gente adecuada.
Con la gente que, además, fue la que lo sacó del ostracismo, dicho sea de paso.
Y a la que terminó pagando con su deleznable traición.
Por contra, el Sevilla FC le dio a él lo único importante para él: el único sueño de su corazón de metal, de vil metal.
Nadar en billetes hasta el fin de sus días.
Anda que entrenando al Málaga, o al Levante, o al otro equipo de la ciudad, iba el Tottenham a hundirlo en libras esterlinas.
Digo que a Jiménez se le está juzgando por lo suyo y por lo del traidor.
Radicalmente injusto.
Dicen que Jiménez es un entrenador defensivo.
Desde la jornada 9 hasta la 23 (las que son de Jiménez) sólo un equipo ha marcado más goles que el Sevilla de Jiménez.
El Madrid, con 36 goles.
Hasta el pasado domingo (antes del siete a cero) la cosa estaba más que igualada.
Después, el Sevilla de Jiménez, con 28 (29, si contamos el partido en Pamplona, que también corresponde al Sevilla de Jiménez).
Y, después, los otros 18 equipos de Primera.
Números fríos y tajantes.
Pero los charlatanes de feria seguirán diciendo que el Sevilla juega metido atrás con Jiménez.
El Sevilla de Jiménez (jornada 9 a la 23) ocupa el cuarto puesto en la tabla clasificatoria.
1.- Madrid.- 37 puntos.
2.- Barça.- 31 puntos.
3.- Atlético de Madrid.- 27 puntos.
4.- Sevilla.- 24 puntos (con un partido más que los demás).
5.- Villarreal .- 24 puntos.
Si no quieren contar el partido de Pamplona, entonces es quinto.
Con 23.
Números fríos, tajantes.
No está mal, a tres puntos del tercero.
Pero lo que vende es que este equipo no está haciendo nada.
Es mentira, pero los mentirosos viven de las mentiras, como todo el mundo sabe.
Y aunque las mentiras sean demostradas, ellos siguen con su sucia cantinela, absurda y enfermiza.
El Sevilla de Jiménez (por si acaso alguien lo comenta) ha jugado contra todos los que le preceden actualmente en la tabla (Madrid, Barça, Atleti, Villarreal, Rácing), salvo con el Español.
Que toca el sábado.
Y contra los que van justito detrás: Almería y Valencia.
Otra cosa: el Sevilla de Jiménez defiende muy mal.
Dicen.
Da igual que haya habido partidos en los que los cuatro centrales del primer equipo hayan estado fuera de combate, da igual que Javi Navarro no esté, da igual que haya habido partidos en los que no jugaba ni un sólo jugador de la defensa del pasado año, da igual que se haya muerto nuestro lateral izquierdo.
Errores puntuales aparte (más de los debidos, más de lo deseado), los números del Sevilla de la jornada 9 a la 23 dicen que el Sevilla de Jiménez es el décimo equipo en cuanto a goles encajados.
21 goles, contando el partido de más en Pamplona.
No es tanta catástrofe. Es justo el del medio. Y hay nueve equipos que encajan más.
Y los partidos de fuera de casa.
De los ocho partidos que ha jugado fuera de casa, el Sevilla de Jiménez ha ganado uno, empatado dos y perdido cinco.
De los ocho partidos que ha jugado el Sevilla fuera de casa en cinco de ellos, más de la mitad, estuvimos en clara inferioridad numérica.
La mayoría de las veces, además, de forma injusta.
Los “entrenadores de mesa camilla” cometen el flagrante error (en mi opinión) de valorar los sistemas, la forma de jugar de un equipo que juega gran parte del partido con uno o con dos futbolistas menos como si el partido se hubiese disputado en igualdad.
Y no es lo mismo, no.
En Villarreal jugamos con uno menos desde el minuto 44 de partido.
En Almería jugamos con uno menos desde el minuto 47 de partido.
En Valladolid jugamos con uno menos desde el minuto 52 de partido. Con dos menos desde el minuto 82.
En Bilbao jugamos con uno menos desde el minuto 52 de partido.
En Huelva jugamos con uno menos desde el minuto 40 de partido.
Y, de propina, ante el Barça en Nervión jugamos con uno menos desde el minuto 77.
Esto no son excusas. Esto son realidades.
Estos no son “los números de Alvarado”.
Son la realidad de las cosas.
Al que le interese ignorar la realidad para seguir alimentando su obsesión, ellos allá.
Yo sé que cuando a uno le ponen una etiqueta, ya puede bajar la Santísima Trinidad a decir que es falsa, que la etiqueta permanecerá por los siglos de los siglos.
Sé que los que se mueven por prejuicios (qué pena me dan) y por etiquetas son absolutamente incapaces de aceptar la realidad de las cosas.
Pero mienten.
Y mientras la gente siga mintiendo y sigan habiendo números demoledores que demuestren las mentiras de los mentirosos, yo seguiré explicando esos números.
Para el que los quiera conocer.
No se trata (lo mío) de defender lo indefendible. Se trata de pelear contra lo injusto, porque la realidad de los datos objetivos arroja unas conclusiones muy distintas a lo que berrean los papafritas y los cuatro o cinco voceros de la nada.
Cuando los números de Jiménez sean malos (si es que llegan a serlo) yo seré el primero en decir que son malos y que así no se puede seguir.
Las valoraciones, a final de temporada.
Si el entrenador no consigue los objetivos (siempre tendrá la rémora de las ocho primera jornadas que no son suyas) entonces habrá que exigir responsabilidades.
Así de sencillo.
Y mientras tanto, creo yo, lo suyo es que el sevillismo esté junto a su gente, junto a su Consejo, junto a sus futbolistas, junto a su entrenador.
Salvo que la moda imperante sea, claro está, el “antitodo” por cojones.
Yo nunca he sido, quede claro, de lo que está de moda.
Yo soy lo que soy.
Y está claro lo que soy ¿no?
Tengo que añadir.
Un mensaje, sólo uno, para Chazarri.
No hacen falta diez.
Con uno, clarito, basta y sobra.
El inventor de la fábrica de humo.
Lo tuyo y lo de tus colegas de la alegre pandilla, los mantas del mantra, macho, apesta ya muchísimo.
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