Reflexiones sobre un blog
Jueves, Marzo 6th, 2008Hace unos días recibí un correo de Antonio Paneque, un Sevillista por el mundo que es Capitán General en eso de ser Sevillista en la distancia.
Por tiempo y por espacio.
Antonio, como su tocayo Machado, más que un hombre al uso que sabe su doctrina (que, por supuesto, también), es, en el buen sentido de la palabra, bueno.
Tengo siempre muy en cuenta las cosas que me dice Antonio porque demuestra con sus actos la bondad y la sabiduría que se necesitan en esta vida.
Me contaba Antonio que, últimamente, entrar en mi blog le producía rechazo. A él, que es una de las mejores personas con las que me he topado en mi vida. Había decidido dejar de leer los comentarios que dejan los lectores porque su lectura le deprimía sobremanera.
Yo, ya sabéis, también decidí eso mismo hace unos meses.
Pero el email de Antonio me ha hecho reflexionar.
Y reflexiono en voz alta, de forma pública, porque esa es la esencia de un blog.
¿En qué se está convirtiendo este blog?
Un blog es un sitio personal en internet. Absolutamente personal. Es un diario sin candado, como dice Angel Martín.
Un blog es un lugar subjetivo cien por cien donde el autor (o autores) escribe lo que le da la gana, cuando le da la gana y cómo le da la gana.
Un blog no es un foro.
Un blog no es un foro.
Un blog no es un foro.
Lo repito tres veces, para que quede claro.
En un blog su autor escribe, y las personas que quieran, leen lo que escribe su autor.
Eso es lo esencial en un blog: un autor y lo que el autor escribe. Sin eso, no hay blog.
Después está lo accesorio y lo accesorio, en todos los blogs, es lo que la gente escriba a raíz de lo escrito por su autor.
Y digo esto sin pretender, Dios me libre, menospreciar la opinión de nadie. Estoy hablando en forma genérica.
No es obligatorio que un blog admita comentarios.
No es obligatorio que un blog admita comentarios.
No es obligatorio que un blog admita comentarios.
Si el autor decide que haya comentarios, los hay. Y si decide que no, no los hay.
Si la decisión del autor es que haya comentarios en su blog, los comentarios pueden publicarse de forma automática tal cual van llegando o precisan moderación.
Tan sencillo como marcar con una equis un recuadrito en el panel de administración.
A mí me encantaría que mi blog no requiriese moderación.
Pero, para que se me entienda bien, seré un poco vulgar:
Hay tal cantidad de hijos de puta y con un grado de “hijoputez” tan extremo que si este blog no fuese moderado esto sería una auténtica cloaca.
Y no quiero eso para mi blog.
Por eso este blog (y casi todos los blogs, imagino) precisa ser moderado.
Llegando a este punto de la reflexión es necesario detenerse en algunos roles que, desgraciadamente, proliferan desde siempre por internet y que encuentran en los blogs también su caldo de cultivo necesario para desarrollar su putrefacta personalidad.
Hablo de los trolls, hablo de desequilibrados que adoptan distintas personalidades (nicks), hablo de los suplantadores y, directamente, hablo de los hijos de puta sin más.
Hay gente, lo prometo, que en un mismo foro (o blog, que no es lo mismo), se crea ocho o diez personalidades distintas, discute consigo mismo, un grupo de sus “personalidades” se pelea con el otro grupo (es una sola persona física) monta unos pifostios espectaculares y se crea unas películas difícilmente comprensibles por una mente más o menos cuerda.
Internet es el sitio perfecto para desequilibrados de este tipo.
Luego, además, los notas ponderan, sientan cátedra, se autoproclaman defensores de la verdad indiscutible de las cosas.
Los trolls, por su parte, entran en los blogs (o en los foros, que no es lo mismo) reclamando para sí un protagonismo del que , obviamente, carecen en la vida real. Son personas amargadas, con doble o triple vida, mindundis con pobres vidas carentes de sentido, que tratan de arañar en internet una cuota de protagonismo de la que, ya digo, carecen en el día a día.
Ese protagonismo lo piden a gritos, ya sea insultando, ya sea escribiendo más que el que inventó el abecedario, metiéndose en todos los fregados, formando pajarracas por cualquier cosa.
En los blogs, los trolls normalmente arremeten contra el autor del blog.
Normalmente, pasado un tiempo (y en función de la inteligencia de la comunidad: si no se les presta atención se aburren y se van a otros foros o a otros blogs que no es lo mismo un foro que un blog, a seguir su triste vida) los trolls se marchan igual que han venido.
Aquí, en mi blog, hay y ha habido de todo.
Un blog, ya digo, no es un foro, ni un lugar de debate.
Puede serlo, pero no lo es en su esencia.
Cuando uno de esos trolls ve que el moderador lo ha pillado con el carrito del helado y no publica sus comentarios (que ya se sabe lo que persiguen) suele enarbolar términos tan espectaculares como “censura”, “libertad de expresión” y demás conceptos rimbombantes.
En un foro, por definición lugar creado en la red para debatir, discutir, enfrentar o compartir opiniones, podría existir la censura en un momento dado.
Pero en un blog no, porque un blog es algo cien por cien personal y cien por cien subjetivo.
A ver (que no haber): yo no mantengo un blog para que la gente debata en mi blog.
Para eso hay muchos otros lugares en internet, foros de la red, creados exclusivamente para el debate.
Ya existen esos otros foros para que el quiera debata sobre mis opiniones, me insulte, trate de desacreditarme argumentando las falsedades más insospechadas, comente mis posts, pida mi fusilamiento al amanecer.
¿Tengo yo que aguantar a esos impresentables también en mi casa?
Definitivamente no.
Y repito de nuevo, un blog no es un foro.
Yo quiero que mi blog sea lo que yo quiero que sea.
Y esta afirmación es muy profunda.
Yo no quiero que mi blog sea un lugar donde ni yo mismo pueda permitirme leer lo que la gente, incluso después de la moderación (imaginaos si no existiera) deja escrito.
Eso es una aberración.
Porque mi blog es mi casa.
Ejemplito para mentes próximas a la de mi sobrino de cinco años (o de menor rango aún): yo tengo un chalet.
Yo pinto la fachada de mi chalet como a mí me gusta, de color blanco.
Y mañana viene un tipo y me la pinta de verde porque a él le gusta verde. Entonces yo, pasado mañana, cojo mi brocha y vuelvo a pintar la fachada de mi casa de blanco, que es como me gusta a mí.
Y entonces el tipo de la pintura verde grita a los cuatro vientos que soy un dictador, que no respeto los gustos ajenos, y que le machaco su libertad de expresión, porque él se expresa en verde.
Mire usted: cómprese usted una casa y la pinta como le dé la gana. Y si no le gustan mis paredes blancas, no las mire.
Otro ejemplito.
Abro las puertas de mi casa para recibir a mis amigos, la gente a la que aprecio, la gente con la que me gusta compartir, la gente a la que siento cercana.
Hay de comer arroz a banda, por ejemplo.
Y entre copa de vino y copa de vino, entre plato y plato de arroz, se cuelan tres que no conozco de nada, cogen un plato de arroz a banda, lo prueban, lo escupen, estrellan los platos contra las paredes, dicen que es una porquería, se cagan en mis muelas porque el vino que hay tampoco les gusta, insultan a todos los presentes y, además, se meten en mi cocina a hacerse una tortilla de patatas, con mi aceite de oliva virgen, mis huevos y mis patatas, mientras a voz en grito no dejan de insultarme y de decirme barbaridades.
¿Qué debo hacer, por respeto a mis amigos, por respeto a mí mismo?
Ponerles en la puta calle.
Y si puede ser de una buena patada en su asqueroso culo, mejor.
Una vez que estén en la calle, gritarán hasta partirse las venas del pescuezo que no respeto a las personas, ni las opiniones, ni los gustos de los demás.
Por un oído me entra y por otro me sale.
Yo quiero que mi blog sea un lugar donde aquella gente que pueda tener un concepto de las cosas próximo al que tengo yo, mejor dicho, donde aquella gente a la que yo me aproxime a la hora de valorar, calibrar y considerar las cosas se encuentren a gusto.
En un club privado de mus no se admite a gente que odia el mus.
En un club privado de colombofilia no se admite a personas que matan las palomas con escopetas de plomillos.
Yo quiero que aquellos sevillistas que vean las cosas, más o menos, como las veo yo, tengan aquí un lugar en el que reunirse y en el que estar a gusto y contentos.
Si el Sevillismo que yo he mamado me impulsa a defender a muerte a los de “colorao”, que son los míos…¿tengo yo que permitir que en mi blog, que es mío, joder, se insulte, se menosprecie, se ataque de forma desmedida a los de colorao, que son los míos?
Eso es un contrasentido, una aberración en esencia.
Que mi blog, que es mi diario en internet, sirva para que desde aquí se propugnen teorías radicalmente diferentes a las mías (acertadas o equivocadas, pero mías) es un crimen.
Mi blog no es un foro.
Mi blog no es un lugar para el debate.
No quiero que sea un sitio donde gente anónima (cualquiera sabe…) se pelee, discuta, insulte a mis amigos, o a los que no lo son pero tienen cierta afinidad con mi forma de ver las cosas.
No se trata ni de censura, ni de libertad de expresión, ni de leche en bote.
Se trata de que este humilde sitio de la red es mi casa y en la casa de cada uno se hace lo que cada uno quiere que se haga.
Termino esta extensa reflexión.
Toda reflexión se realiza con el fin de adoptar decisiones, de encontrar soluciones.
Le doy vueltas al asunto.
Os agradeceré vuestras propuestas, aquí, en este post.
El que quiera insultar, menospreciar, infravalorar mi forma de ser, mis opiniones, las de aquellos sevillistas a los que se aproxima mi forma de vivir el Sevilla Fútbol Club, que se cree un blog para ello o que lo haga en cualquiera de los foros que existen en internet.
Pero en mi casa, me parece a mí que va a ser que no.
Es tan absurdo…
Nota post post.- Los comentarios de este post sí que los estoy leyendo. Si pido vuestra opinión es para algo ¡no? Y, por supuesto, en ningún momento estoy hablando de cerrar el blog, de dejarlo. Ya quisieran muchos, pero no se saldrán con la suya.
Estoy tratando de encauzar de alguna manera todas las reflexiones que he dejado más arriba.





