Mestallizar Nervión
Lunes, Marzo 17th, 2008El pasado sábado sucedieron cosas en Mestalla que invitan a la reflexión.
Me encanta observar. Soy un observador nato de personas, de sucesos, de acontecimientos. Me gusta ser espectador y calibrar lo que veo.
Sacar conclusiones.
En Mestalla, el sábado pasado, con el marcador empatado a cero todavía, la grada, la afición valencianista, pitaba a sus jugadores, a su equipo, a sus hombres, de forma cruel y desmesurada.
Es que así es como se crece, dirán los que pitaban.
Por aquí…
Qué cosa más triste, qué pena tan grande, qué distintas maneras de entender una pasión, de vivir un sentimiento.
Escuchaba los pitos y pensaba. Sentía los silbidos y reflexionaba.
¿Cómo vive esta gente su amor por unos colores? ¿Qué sentimiento les ocupa?¿Cómo es su grado de implicación hacia su equipo?
Deben ser distintas formas de entender esto del fútbol.
Cuando peor está el equipo, cuando peor vienen dadas las cosas, cuando, después de dos finales de Liga de Campeones, de un título de Liga, de otro de Uefa, de una Supercopa de Europa, de una Copa de España, de muchos años clasificados para disputar Champions, cuando después de tanta gloria, llega una mala temporada y el equipo está fatal, la gente se le vuelve en contra y, si hace falta ganar porque la cosa está chunga de verdad, se ponen en contra de su equipo desde el principio mismo del partido.
Ellos, los mismos que con sus silbidos y con sus gritos echaron a Quique.
Estando el equipo, entonces, entre los cuatro primeros y en Liga de Campeones.
Expulsaron a patadas a Quique con sus silbidos y siguen silbando al sucesor de Quique.
Y silbaban a Benítez, y silbaban a Cúper, cuando Cúper era un grande de esto.
Y era mi Sevilla el que estaba enfrente, y era mi Sevilla el beneficiado de tanta injusticia, y era mi Sevilla el que sacaba tajada de tamaña sinrazón. Y era evidente que con semejante panorama el Sevilla ganaría el partido con total seguridad.
Pero yo no paraba de pensar.
Y no dejaba de acordarme de cosas.
Y me acordaba de la alegre pandilla, en su manipulación atroz para intentar mestallizar Nervión.

Y recordaba esto que publicaron en la página naranja, que fue la misma basura que luego vendió el tal Rengel en Canal Sur Radio, lo mismo que escupió el Capitán Matutano también en la radio pública de Andalucía, lo mismo que escribió Lucas Haurie (propietario tambiñen de mucholoquesea, junto a Cepeda, Chazarri y Capitán Matutano) en La Razón.
Lo que vendían los de Radio Londres.
¿Hablan de censura? Lo que dijo el presidente del Sevilla FC fue que al final de los partidos el que quisiera pitar que lo hiciese, porque estaba en su perfecto derecho. Y dijo también que, en su opinión, silbar al equipo con un partido en juego era machacar al equipo.
Y que todo sevillista tenía la obligación de apoyar a su equipo.
Pues claro que sí.
Desde mi forma de entender el Sevillismo (desde la mía, digo) no puede ser de otra manera.
Pero esta pandilla de chiquilicuatres (ahora que tan de moda está ese espanto nacional del chiquilicuatre) manipuló y habló de censura.
¿Qué demonios de censura?
Afilaron el mantra y lo escupieron en todos y cada uno de los medios que les dan cobijo, como siempre hacen.
¿Objetivo?
Lo tengo claro: mestallizar Nervión.
Viéndolo en Mestalla, lo tuve claro: esto es lo que buscan estos cuatreros.
Inventan que Del Nido censura los pitos para convertir Nervión en la pena grande que era Mestalla el sábado pasado.
Todos contra el equipo desde el minuto dos. Contra su propio equipo.
Y contemplando el dantesco espectáculo del daño causado por los que se suponen fieles caí en la cuenta de que estos pobres y tristes manipuladores jamás se saldrán con la suya.
No, porque uno lleva más de 35 años viendo a esta afición y uno sabe que, por mucho que rulando por Nervión haya unos pocos mestallizados, que siempre los ha habido y siempre los habrá, el Sevillismo no es así.
Ni lo será jamás, por muchos que sean los manipuladores, por muchos que sean los medios en los que se repartan para soltar su basura.
El Sevillismo es lo que es.
Lo que siempre ha sido. Lo que ha sido durante décadas de travesía del desierto.
Y por muy mal que vinieran las cosas, ahí estaban siempre, o estábamos, los veintitantos mil de granito de toda la vida.
Vacunados contra la mestallización.
Inmunes ante los papafritas.
Intocables para hacer intocable el sentimiento sevillista.
Grandes ante todo y ante todos por el simple, por el mero, por el solo, por el inigualable hecho de ser Sevillista.
Portadores del mayor título que el fútbol pueda otorgar a nadie.
Ostentando el título de ser Sevillista.
Fieles hasta en las victorias.

