Peleando hasta el final
Domingo, Mayo 4th, 2008Algunos papafritas, cazadores de cabezas, andan hoy de mala leche.
El equipo más grande Andalucía de todos los tiempos ha ganado al Valladolid, sigue con las opciones intactas de ser cuarto, mete seis puntos por detrás a los perseguidores, en pos de un nuevo hito para el fútbol andaluz, jugar por quinta temporada consecutiva competición europea y, vaya por Dios, dilapida el sueño de “algunos” porque ya, otra vez, otro año igual, esa cosa tan antigua de la Liga particular la gana el de casi siempre.
Y mira tú que, en determinados momentos de la temporada, ya se encargaron algunos ilusos de alimentarla, por increíble que pueda parecer.
Qué pamplinas.
No sé yo si los titulares apapafritados del Capitán Matutano hablarán mañana de que Renato, él solito, derrotó al Valladolid, o de si el que ganó fue Alves, o Palop (segundo partido consecutivo con la portería a cero).

Cualquiera, menos Jiménez.
Jiménez, ya se sabe, para este ser, y para los otros seres de la alegre pandilla y lo que no es la alegre pandilla es el culpable, eso fijo, de la mandanga de la segunda mitad, de la falta de implicación de algunos futbolistas en ese período, de la caraja generalizada, de ese extraño pasotismo que invade a ciertos futbolistas de vez en cuando.
Eso es culpa de Jiménez, claro está.
La victoria no. Ni los 55 puntos. Ni el poner un importante colchón con los perseguidores. Ni el seguir alimentando, a pesar de todo , papafritas incluídos, el sueño de terminar en Liga de Campeones. Tampoco el detalle, sin importancia, nada relevante, de que el Sevilla FC en los 27 partidos que lleva JIménez sentándose en nuestro banquillo haya sumado 45 puntos (46 si contamos el partido aplazado de Pamplona), siendo el cuarto equipo de la Liga que más ha sumado.
Eso son cosas que yo me invento. Eso ni ha sucedido, ni sucederá.
Lo que digan ellos es lo importante.
Valiente partida de mamelucos.
Ahí estamos, a pesar de todo. A punto de conseguir nuestra quinta participación continental consecutiva, algo que sólo los dos mastodontes, Madrid y Barça, y el Deportivo han conseguido a lo largo de la historia en el fútbol español.
El partido.
Fue valiente Jiménez, muy valiente. Ya lo fue dejando a Poulsen fuera de la convocatoria. Y más todavía lo fue saliendo con Kanouté y Renato de enganche y sentando a Luis Fabiano.
Fue valiente porque esas dos cositas hubieran sido suficiente gasolina como para que la pira elevase sus llamas hasta Júpiter si se hubiera dado un resultado negativo. Pero le echó cojones, fue él mismo (¡ay, si lo hubiera sido en otras ocasiones!) y decidió tirar para adelante con las propias ideas.

Resultado: dos goles de Renato, buena primera mitad, actitud en los once que salieron, con mayor o menor fortuna, pero actitud.
Y la segunda parte, un mar de despropósitos. Habrá, claro que sí, quien diga y lo diga convencido, que fue culpa de Jiménez, pero yo es que paso de oir o leer chorradas.
Si en la primera mitad lo jugadores iban a por todas, tocaban con rapidez, daban salida al balón, triangulaban de primera, abrían espacios, encimaban al rival, en la segunda mitad algunos, otra vez, se quitaron del cartel.
Tal vez fuera el calor y el esfuerzo acumulado de la primera parte. Tal vez fuera el tener un marcador a favor y un partido vital dentro de tres días. Ojalá fuera eso.
La realidad es que el Valladolid fue muy superior en la segunda parte, en la que Fazio y David Prieto (Escudé, otra vez KO, pero las bajas en defensa que asolan esta plantilla son también un invento mío y de los que como yo tratan de contar realidades) estuvieron enormes en defensa, sobre todo por arriba y en la que Crespo fue perro de presa para todo el que pasaba por su banda.
Afortunadamente para los que sentimos en sevillista, desgraciadamente para las mentes apapafritadas obsesionadas con la cabeza de Manuel Jiménez Jiménez , los jugadores del Valladolid dieron un recital de falta de acierto y de puntería espectacular y la cosa terminó como estaba en el descanso.
Aunque si Luis Fabiano hubiese tenido un poco de suerte (segundo palo en dos jornadas) pues Güiza no estaría ahora como Pichichi en solitario.
Así que ahí estamos, peleando hasta el final.
Lo que se prometió en Madeira hace ya tantas vidas. En aquella comida en la isla portuguesa mi Presidente no prometió que todos los años jugaríamos Liga de Campeones. Ni tampoco prometió que todas las temporadas levantaríamos títulos.
Mi Presidente prometió que se trabajaría para, a medio plazo, colocar al más grande club de Andalucía de todos los tiempos entre los seis más grandes de España.
Y que se pelearía por estar cada año en lo más alto cada temporada.
Estoy convencido de que, ni en las previsiones más agoreras, mi Presidente jamás hubiese podido imaginar una temporada tan terrible como esta 2007-2008.
Pero, a pesar de todo, se cumple lo prometido.
Tenemos un título en nuestras vitrinas y seguimos peleando hasta el final.
Los vendedores de odio y de burras paralíticas que sigan con su repugnante discurso.
Que yo sigo disfrutando del título más grande que se pueda tener: el de ser Sevillista.
No todo el mundo puede presumir de eso. ![]()



