Gordo, muy gordo, lo que sucedió en la goleada del Sevilla al Athlétic Club, en un partido en el que el equipo jugó un fútbol bonito, alegre, sin complejos, goleando, en un partido con el que se ponía colofón a una temporada de 64 puntos, tercer mejor equipo de la segunda vuelta (los mismos 38 puntos que el Mallorca), tercer mejor equipo desde la jornada 9 hasta la 38, temporada de quinto puesto empatado a puntos con el cuarto y a tres del tercero, de 75 goles, de quinta participación consecutiva en Europa, de levantar la Copa de Supercampeón de España, de disputar Liga de Campeones, de hacer Historia grande de Andalucía en esta competición, de ser el mejor debutante en Liga de Campeones de la historia del torneo, de llegar hasta octavos y caer en los penaltis.
No es que la gente expresara su disconformidad, miarma.
No fue eso.
Lo que sucedió fue otra cosa muchísimo más vergonzante, mucho más indignante.
Es que se intentó silenciar a los Biris en nuestra casa con silbidos cuando los Biris cantaban en honor a nuestro entrenador.
Igual que cuando la afición del equipo de la carretera de Cádiz viene a nuestra casa y empieza a animar a su equipo.
Cuando viene esa afición y se pone a animar, la grada de Nervión trata de silenciar sus cánticos con silbidos y abucheos.
Se intentan acallar con pitos los gritos de ánimo.
Pero, claro, son los de la carretera de Cádiz los que intentan animar.
En el último partido de la temporada 07-08 en Nervión ciertos aficionados trataron de silenciar con pitos al corazón de Nervión que sólo mostraba su apoyo incondicional a los suyos.
Vergonzoso.
La Grada Norte de Nervión apoyaba a su entrenador y ciertos silbadores pitaban a los Biris.
Después, hubo otro puñado de Sevillistas que pitaban, a su vez, a los que pitaban a los Biris, que abucheaban a los que abucheaban a los Biris.
Lo nunca visto.
Ayer se vio.
Magnífico.
El proceso de mestallización ha comenzado.
Somos lo que somos, no somos más de lo que somos. Peleamos por lo que podemos pelear, no por más. No podemos pretender ser el Madrid o el Barcelona, porque Madrid o Barcelona son únicos.
Mastodontes del fútbol español y europeo.
No podemos darnos ínfulas que no son nuestras.
Cinco títulos en quince meses, el gran pecado.
Después de décadas de sequía, de la nada al todo multiplicado por cinco.
Mala digestión un banquete de esa índole para el que tiene el estómago vacío.
Hacia esto nos quieren llevar siete y medio desde su papafritismo y unos cuantos miles desde su silbido, su falta de educación, su obscena, reiterada e insistente falta de respeto, su insulto cruel y hediondo.
El nuevo mantra papafritil va por tratar de comerle la oreja a la afición del Sevilla FC.
Qué magnífica es la afición del Sevilla FC que no hace caso de los nazis esos impenitentes que trabajan o colaboran en esos nidos de dictadores que son los medios oficiales.
Qué gente más soez la que trabaja y colabora en los medios oficiales, siempre arrastrándose a las órdenes de los máximos dictadores, los miembros del consejo que ni son sevillistas, ni saben gestionar, sino que sólo intentan aborregar a una masa tratando de imponer criterios que ni son ni serán jamás.
Y van incluso más lejos, los simpáticos muchachetes de Radio Londres, con Manolito Aguilar al frente: incluso los Biris se prestan a la manipulación porque lo de animar a Jiménez fue algo pactado con Del Nido.
Yo no sé lo que estos tipos de Radio Londres se están fumando últimamente.
Divide y vencerás.
Después de la unidad absoluta al amparo de nuestro Glorioso Centenario y después de los (insoportables para ellos) cinco títulos en quince meses logrados gracias a esa unidad han descubierto que lo que hay que hacer es tratar de enfrentar a todos contra todos.
Estos malditos papafritas se creen que somos como ellos.
Qué pena dan.
El Sevilla FC es lo que es pero hay muchos que no se enteran.
No es más rico quien más tiene sino quien menos necesita.
El Valencia, ahí está, arrastrándose, con la afición dividísima.
Y dirán que es culpa de Soler, de los jugadores, de Koeman, de Quique, de Voro, de Benítez…
Y se equivocan.
La culpa de la decrepitud en la que anda sumido el Valencia es de la afición del Valencia.
Pero ellos jamás lo reconocerán.
Porque no saben lo que hacen. No se dan cuenta.
Yo he vivido desde fuera pero desde muy cerca este proceso de descomposición absoluta de un club que, sin ser uno de los mastondontes, ganó Ligas, jugó dos Finales de Champions, ganó Copas, y Supercopas, y ganó la Uefa.
Y entre tanto triunfo siempre les decía lo mismo a mis amigos chés:
“Os estáis equivocando. Os créeis algo que no sois ni seréis nunca. Os pasáis en Mestalla. Es insoportable el nivel de exigencia que le metéis a los vuestros”.
Pitos cuando se ganaba la Liga, broncas cuando se jugaba la Final de la Liga de Campeones, pañoladas cuando el equipo quedaba tercero.
Por sistema, esto es,esto fue así:
Cúper vete ya (cuando Cúper era Cúper), Benítez vete ya (siendo Benítez lo que era y lo que es), Quique vete ya, Koeman vete ya, Voro vete ya, Roig vete ya, Ortí vete ya (ganando la Liga en Nervión), Soler vete ya.
Lo del domingo por la noche en el Sánchez-Pizjuán a mí me dio vergüenza. Mucha vergüenza.
Y como me dio vergüenza digo que me dio vergüenza.
No soy yo más sevillista que nadie por expresar esto. Pero tampoco menos.
Y como a mí me asiste la misma libertad de expresión que al tipo que lleva toda la santa temporada dilapidando lo nuestro, hago uso de ella para decir que me da vergüenza.
Desde la foma de entender el Sevillismo que me hicieron mamar desde pequeño, me da vergüenza.
Anoche ciertos señores y ciertas señoras desde la grada de Nervión intentaron (a ver si nos enteramos) acallar con pitos los gritos de ánimo y de apoyo de esos que nunca se rinden.
Cuando lleguemos al punto de descomposición en el que se encuentra el Valencia CF entonces estos que ahora pitan, insultan, faltan al respeto de forma obscena y cruel dirán “¿Qué te decía yo?”.
Cuando nos carguemos esto tan grande que unos Sevillistas están construyendo desde hace años estos que ahora humillan a todo lo que se ponga por delante dirán que ellos ya venían advirtiendo que la cosa terminaría por explotar.
Y habrán olvidado, o quizás nunca se habrán dado cuenta, que fueron ellos los que pusieron las bombas.
Ayer, en la fiesta de fin de temporada, la mayoría de la grada de Nervión aplaudía y hacía la ola mientras sus futbolistas en la hierba pasaban por encima del Athletic Club de Bilbao.
Y desde mi cabina de radio me dio por observar a algunos de los que más insultaban a Jiménez y a los Biris.
Cuando la ola de Sevillismo llegaba a su altura no se levantaban.
Seguían sentados en su asiento, con su cabreo, con su odio reconcentrado, mirando de reojo de forma taimada, temiendo que la ola de Sevillismo llegara a su altura.
El Sevillismo celebraba y ellos permanecían inmóviles, con gesto huraño, transportados a miles de kilómetros de allí por mucho que sus santas posaderas estuviesen ocupando un asiento del Ramón Sánchez-Pizjuán.
Aquella ola no era su ola, ni aquella fiesta era su fiesta.
¿Hay algo en todo esto que no cuadra o sólo me lo parece a mí?
Repito que el proceso de mestallización, para deleite de algunos, ha comenzado en Nervión.
Sin embargo no es un proceso irreversible.
Ya se recondujo en octubre de 2005, con el traidor de la mancha en nuestro banquillo, cuando lo intentaron los mismos que lo siguen intentando ahora, tres años y cinco títulos más tarde.
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