Reflexiones dominicales tras lo de ayer
Domingo, Noviembre 30th, 2008Mestallizar Nervión.
Lo escribí hace tiempo y no me estoy equivocando.
Aquel que pretenda igualar en exigencias al Sevilla FC con los mastodontes Madrid y Barcelona está cometiendo el mismo error que comete desde hace años la afición valencianista.
Incluso diría más: el Sevilla FC, hoy por hoy, está incluso un escalón por debajo del Valencia CF.
Esta es mi opinión.
Y lo mismo que la afición ché, esa afición a la que tan bien conozco, cava su propia tumba cuando exige a su equipo para ser siempre, todos los años, un Madrid o un Barcelona, lo mismo hacemos nosotros, los sevillistas, si pensamos que nuestro equipo está obligado a estar, por fuerza, a la altura de estos tres clubes que he citado.
Madrid y Barcelona en un escalón, Valencia en otro, y después nosotros, a día de hoy, tal vez con Villarreal y Atlético de Madrid.
Lo cual es de mamazo.
Esa es mi composición de lugar del fútbol actual y desde esa composición de lugar me ilusiono, exigo, me frustro o me alegro.
Madrid y Barcelona están obligados todos los años a ser el mejor equipo de España y el mejor equipo de Europa.
¿Nosotros también? Por Dios.
Madrid y Barcelona tienen el brutal apoyo de aparatos mediáticos poderosísimos (más lo blancos que los blaugranas por su incidencia a nivel nacional), tienen presupuestos impensables para nosotros, tienen el historial que tienen, tiene la masa social que tienen, tienen el apoyo institucional que tienen y tienen el apoyo arbitral que tienen.
El que pretenda que el Sevilla FC pelee de igual a igual contra estos mastodontes y piense que de no ser así se está haciendo el ridículo, en mi opinión, tiene demasiados pájaros en la cabeza y debería buscarse otro pasatiempo que no fuera el fútbol.
Se llevará, de lo contrario, demasiados sinsabores.
Ya sé que en quince meses sí hemos sido alternativa de poder, ya sé que les hemos peleado y les hemos ganado títulos a los mastodontes, ya sé que hemos ganado cinco títulos y ya sé que hemos disfrutado como niños pequeños en una noche de Reyes con nuestro Sevilla del alma.
Pues ole nuestros huevos.
Pero eso han sido quince meses en más de cien años de vida. Un magnífico paréntesis que igual que se abrió tenía que cerrarse. No puede ser así siempre,sencillamente porque nunca lo fue y porque lo que no puede ser no puede ser y además es imposible.
Esos maravillosos quince meses no volverán jamás. Ganaremos más títulos, estoy convencido. No sé cuando. No sé si esta temporada, o la que viene, o habrá que esperar tres o cuatro años.
Lo normal en un club como el Sevilla que desde la nada más absoluta se ha ido engrandeciendo hasta lograr lo logrado.
Sin ayuda de nadie.
Sin presupuestos siderales, sin apoyo de grupos mediáticos, ni poderosos ni pequeñitos,antes bien con estos (los poderosos y los ridículos locales) en contra.
Sin ayudas institucionales, sin grandes masas sociales detrás ( cuando digo grandes masas sociales hablo de los mucho más de cien mil socios que tienen los mastodontes, muchos de ellos socios sabiendo que no pueden acceder al campo cada domingo ¿Esto sería posible en Nervión? Permitidme que me ría).
Sin ayudas arbitrales (antes bien con los árbitros machacándonos en la mayoría de encuentros).
Esa es nuestra realidad. La que siempre ha sido y la que siempre será.
Gracias al buen trabajo de muchísima gente (hombre de la mancha incluído) hemos tenido la inmensa fortuna de vivir algo que pensábamos jamás viviríamos ni en su quinta parte.
Pero si nuestros cinco títulos en quince meses en lugar de servir de orgullo y de satisfacción los transformamos en pesadísima losa que nos impida seguir siendo lo que somos (ser lo que uno es, qué cosa más sencilla y qué difícil al mismo tiempo) nos estamos suicidando.
Tras el partido de ayer, me reafirmo en todo esto que creo, en todo esto que me veo impulsado a escribir una vez más.
Lo lógico, lo normal, lo razonable es que este Barcelona de hoy día haga lo que hizo ayer en Nervión. Ganar y ganar fácil.
En Nervión y en cualquier campo. Ante cualquier rival.
Esto es así y no admite discusión. Ahí están los resultados obtenidos en lo que va de temporada por este equipazo sin rival a día de hoy. Tendrán sus tropiezos porque nadie es perfecto, pero los resultados hablan por sí solos.
Aún así, insisto.
Me alegro de leer crónicas como la de, una vez más, Francisco José Ortega en Diario de Sevilla. Reafirma mi creencia de que es posible hacer periodismo deportivo en esta ciudad trabajando con honradez, sin dejarse llevar por odios atávicos, sin actuar movidos por la inquina, sin usar cada partido, cada resultado desfavorable como el que usa un mortero en tiempos de guerra.
Me indigna comprobar que hay periodistas locales que tienen la poquísima vergüenza de hablar de un arbitraje impecable de Undiano cuando el propio Guardiola reconoce que en la jugada clave del partido (derribo de Piqué a Kanouté en la primera parte) el árbitro se equivoca.
Esto es lo que tenemos.
Pero no por eso yo voy a dejar de decir lo que creo, lo que vi.
Lo que expuse en el post anterior, de pe a pa.
Otra frase de Guardiola con la que me quedo: “Como no teníamos el balón hemos estado desorganizados en la primera parte, pero creo que en la segunda hemos conseguido resolver el partido, porque les hemos sacado el balón y hemos sido los dominadores: el balón ordena a los equipos.”
El balón ordena a los equipos.
Este es otro tema: la pregunta que me hago de por qué demonios juega Jiménez con dos delanteros y dos medios centro ante Valencia y Barcelona.
A mí se me ha contado desde pretemporada que el juego de este Sevilla FC se iba a basar en dos pilares básicos: tener la posesión del balón y tratar de mantener la portería a cero.
Cumpliendo esas premisas y con el acierto de la gente de arriba (ese que, para colmo, está ausente en los últimos partidos) el equipo estará arriba.
Me parece una propuesta magnífica. A mí me vale.
Pero lo que no me valen son las incongruencias.
Si Valencia y Barcelona (con los pedazos de peloteros que tienen Valencia y Barcelona) vienen a Nervión con tres hombres en el centro del campo y la idea es tener la pelota no se puede jugar con dos delanteros, porque jugar con dos delanteros implica jugar en inferioridad numérica en el centro del campo y jugar en inferioridad numérica en el centro del campo implica no tener la pelota y no tener la pelota implica que ganar se convierta en tarea harto complicada.
Con tres centrocampistas y un solo punta ganamos en el Calderón, y le metimos cuatro al Athletic Club. Y ganamos en Almería ( y eso que el punta fue Acosta). Y vencimos al Suttgart. Y al Recre.
Con dos delanteros no conseguimos ganar en Santander. Ni en el campo de la carretera de Cádiz. Ni al Valencia. Ni al Barcelona.
Es obvio que se perdieron partidos jugando con un solo punta y que también se ganaron algunos compitiendo con dos.
Es obvio que ninguna fórmula es efectiva al cien por cien y que después hay muchos otros factores que influyen en los resultados: expulsiones, parcialísimas e incomprensibles decisiones arbitrales, lesiones, pájaras generales.
Tanto en uno como en otro caso.
Pero yo hablo de la fidelidad al estilo elegido,sea éste el que sea.
Mucho más cuando el rival tiene más calidad que tú (hablamos de futbolistas que cobran cuatro, cinco, seis o siete millones de euros netos por temporada) y, encima, te plantea superioridad numérica donde se cocina el juego.
Ahí están grabadas las previas de ambos partidos en SFC Radio. Ahí están mis opiniones al respecto. Ahí está mi asombro y mi discrepancia, respetuosa eso sí, que tal vez esa sea otra diferencia.
Dese mi humilde concepción del fútbol entiendo que es imposible ganarle a equipos como Valencia y Barcelona jugando con sólo dos hombres en el medio campo.
Muchos más cuando ellos salen con tres.
Con tres centrocampistas y un delantero tal vez los resultados hubiesen sido otros, o no.
La clave es tener la pelota, la clave es que el rival no la tenga. No por jugar con dos delanteros se va a atacar más. Lo escribí hace una semana y lo vuelvo a escribir ahora.
Y, sobre todo, si se crean cinco ocasiones de gol como ayer o seis como el día del Valencia (esto serán imaginaciones mías como la racha de lesiones, como el influyente y lamentable arbitraje de Undiano ayer) y ninguno de los grandes cracks (que los son) de arriba son capaces de meterla ni una sola vez entonces apaga y vámonos.
Sólo hay que repasar un poco lo que se escribe y se comenta en la prensa local de hoy.
¿Alguien alaba el jugar con dos delanteros?
Nadie.
Todo el mundo habla de juego rácano, defensivo, aculado, timorato.
¿La realidad cuál fue?
Que cuando no tenemos la pelota puede parecer que la apuesta es ultradefensiva.
Cuando la pelota la tiene el rival a ti no te queda otra que meterte en tu parcela.
¿Y por qué no tenemos la pelota?
Porque el juego se elabora en el centro del campo y el Sevilla ante Valencia y Barcelona salió con sólo dos centrocampistas. Los rivales con tres y con tres de mucha calidad.
Nos ganan en cantidad y en calidad, luego nos ganan en todo.
Y, además, queda la sensación, para los que son incapaces de ver más allá, de que nuestros centrocampistas son pésimos, que no corren, que no tapan.
Y no.
Lo que pasa es que son menos. Demasiada desventaja cuando los de enfrente, además de ser más, son muy buenos.
Y el resultado final es que sacando una alineación que pueda parecer la más ofensiva posible (Kanouté y Luis Fabiano) todas las conclusiones extraídas son exactamente lo contrario.
Puede parecer una incongruencia, pero jugando con tres mediocampistas y un solo punta estoy convencido de que los resultados igual hubiesen sido los mismos pero las sensaciones serían otras muy diferentes.
Lo único que hay que intentar siempre en esta vida es ser uno mismo.
Pasando absolutamente de todo cuanto digan los demás.
Yo lo intento cada día.
Tan sencillo y tan difícil a veces.

















