Mi fútbol sí tiene memoria

Es una frase hecha y verdad verdadera esa que afirma que el fútbol no tiene memoria. Desgracia para todos que sea así, pero así es. Sólo importa el presente en esto de los once tíos corriendo detrás del balón redondo. Tanto para lo bueno como para lo malo el aquí y ahora se impone a todo lo demás, siempre.

Sin embargo yo me esfuerzo en que, en mi caso, no sea así. Es una cuestión de justicia. Por supuesto que se puede decir, sin cortarse un pelo y sin pelos en la lengua, que las cosas se hacen mal cuando mal se hacen. Por supuesto que se puede criticar cuando la realidad te coloca muy, muy por debajo de las expectativas y, más allá de ellas, que por el terreno de la hipótesis nunca me gustó transitar, por supuesto que hay que echar en cara muchas cosas cuando lo logrado está muy por debajo del auténtico potencial que tiene un equipo.

Me pasa con mi Sevilla y también con mi selección.

Desde el fondo de mi corazón (porque esto del fútbol no es un deporte, o yo no quiero verlo así, ni tampoco quiero verlo como lo que de verdad es, un mero negocio, una gran mentira que se alimenta de la única verdad que existe que es el sentimiento del aficionado) ¿qué  voy yo a recriminarle, ya estas alturas, al Sevilla FC, el club que marca mi vida y mi día a día, con lo que ya me tiene dado?

Me puedo cabrear y decir que las cosas se están haciendo rematadamente mal si marcha último en la tabla,  si se tira ocho partidos consecutivos sin ganar, si suma tres puntos de dieciocho posibles, si cae eliminado en Copa por un equipo de segunda B cuyos jugadores llevan meses sin cobrar, claro que puedo.

Debo.

Pero ya digo, más allá de la crítica justificada cuando las cosas se hacen rematadamente mal (la crítica rastrera cuando el equipo camina muy por encima de las expectativas siempre me pareció ruin y repugnante), nada tengo ya, desde hace tiempo además (que lo de Turín 2014 fue como un bonus añadido e inesperado) que exigir ni que reprochar al Sevilla Fútbol Club.

camiseta

Con España me pasa lo mismo. Y me pasa en las grandes citas. Cuando juega la selección amistosos o clasificatorias no me interesa mucho, la verdad. Pero cuando se trata de una fase final de Eurocopa o de Copa Mundial, entonces me toca el corazón. Ya sé que hay mucha gente que no lo ve así, muchos amigos míos. Los respeto.

Hoy jugamos contra Chile. No me da buena espina el asunto. Y no es de ahora. Desde el mismo 6 de diciembre pasado en el que se celebró el sorteo de grupos me entró el mal pálpito. Y, a pesar de todo, sigo confiando.

Y si palmamos hoy y somos testigos del Mundial más corto (o uno de los más cortos) de nuestras vidas ¿yo que le voy a reprochar a los Del Bosque, Casillas, Xavi, Iniesta, Piqué, Villa, Pedro, Ramos, Alonso, etc.. si me han dado lo jamás esperado, dos Eurocopas y un título de Campeón del Mundo?

Pues sólo podré darles las gracias. Es cierto que España no está bien, que lleva tiempo sin estarlo. O, al menos, lleva tiempo sin estar al nivel excelso al que nos tenía ya casi acostumbrados. Es cierto, además, que el propio Del Bosque ha debilitado sobremanera el equipo haciendo caso de manera deplorable a la presión de la mafia mediática de este país y ha llevado al Mundial a tipos cuya mera presencia es un insulto a la razón y a la lógica: Diego Costa, Torres, el propio Villa…Y ha dejado en casa a hombres como Llorente o Negredo (hablo de los delanteros) que, seguro, menos de lo que aportan los que están no aportarían.

En este punto es necesario recordar que en el partido ante Holanda (partido importantísimo que marcaba todo el campeonato, partido vital) España, la actual campeona del mundo, marcó un gol y de penalti injusto. Y lo marcó Alonso.

Y tampoco me quiero olvidar de la brutal locura de no convocar a Jesús Navas, alegando además la mentira de que estaba lesionado, cosa que el propio Duende se encargó de desmontar y de desmentir. Injusticia total, sobre todo cuando esta selección está repleta de jugadores que han estado largo tiempo inactivos por lesión, como el propio pendenciero Costa, Piqué, o Alonso, entre otros.

No me quiero extender más. Hoy puede ser (ojalá que no) el día del adiós. Del adiós a Brasil 2014 y del adiós a toda una generación (y seguramente también a un seleccionador) de futbolistas irrepetibles que a nivel selección nos han dado lo más grande.

Si toca hoy protagonizar (ellos) y contemplar (nosotros) el espantoso ridículo de tener que irte para casa en la segunda jornada del Mundial, defendiendo el título de Campeón del Mundo, no seré yo el que haga sangre.

A estos no.

A estos, mi agradecimiento enterno y mi aplauso encendido.

Por siempre.


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