Crónica del pájaro que da cuerda al mundo y el niño con el pijama de rayas
Miércoles, Febrero 13th, 2008Estos dos son los últimos libros que he leído.
Por ese orden.
En el último post que escribí en esta sección de “Estoy leyendo” comentaba que estaba necesitando volver a la prosa sublime de Haruki Murakami.
Así que me hice con el pájaro que da cuerda.

Buf.
Tremendo libro.
Debo decir sobre él que no sería apropiado, en mi opinión, recomendarlo a alguien que no conozca ya al gran Murakami.
Es demasiado Murakami como para que te guste Murakami si antes no has leído a Murakami.
Así que el pájaro que da cuerda, no entra en mis recomendaciones, al menos para lectores que no hayan disfrutado anteriormente con otras obras del mismo autor.
Por supuesto, “Kafka en la orilla” sigue siendo para mí la joya de la corona.
Kafka es muy posterior en el tiempo al pájaro que da cuerda y creo que se nota. Murakami, en esa decena de años que creo transcurren entre una novela y otra, se dulcifica, se vuelve más accesible, más cercano.
El pájaro que da cuerda es demasiado profundo.
Sigue siendo una joya de libro, porque su estilo me apasiona, pero ya digo, mejor empezar con otras obras si lo que se quiere es descubrir el maravilloso mundo de Murakami.
En cualquier caso, no pararé hasta devorarme la obra completa de este magnífico, para mí, hallazgo de la literatura.
Tras el pájaro que da cuerda, me leí en dos noches “El niño con el pijama de rayas”, de John Boyne.

Con éste me pasó lo mismo que me sucedió en su día con “La sombra del viento”.
Son tantas las cosas buenas que me habían dicho de él, que una vez leído me pareció menos de lo que tal vez sea.
El estilo lo encontré muy simplón (es posible que sea la traducción, no lo sé) y la historia es un poco, como yo digo, “me lo temía”.
Y, además, tiene otro serio handicap.
Odio los libros que están escritos con un cuerpo de letra grande.
Me dan la sensación de que me quieren estafar.
Es como el niño que esparce la comida en el plato para que parezca que ha comido más de lo que en realidad ha engullido.
Mis manías…
A ver (que no “haber”) cuál es el próximo libro que me depara el destino…






